Martes 25 de octubre de 2011

A propósito de un artículo publicado en 1996, en la revista Claves, por el profesor López Estornell, anoche intervine en una mesa redonda que debatía un asunto interesante que él mismo apuntó ya hace 15 años en su pequeño ensayo: “Contra el pesimismo de la izquierda”

Unas 80 personas llenaban la sala del edificio Octubre, en Valencia.

Tuve el honor de acompañar al profesor Manuel López Estornell, doctor en Economía, ensayista, pensador, investigador y una persona excelente; y a Ana Noguera, doctora en Filosofía y una mujer con cualidades políticas excepcionales.

No creo en el pesimismo de la izquierda (aunque si nos circunscribimos al discurso teórico, la postura crítica ante la realidad -consustancial a la izquierda para incidir en su transformación- la convierte en pasto de diván), sino en la frustración que se siente ante la resignación y la indiferencia que se ha instalado en la sociedad que vivimos. (De la incapacidad de resolverlas, también habría que hablar largo y tendido)

Una resignación y una indiferencia a la que, dicho sea de paso, contribuyen políticos de cualquier ideología (a sabiendas desde la derecha recalcitrante y en absoluto ilustrada, y por in-acción de una izquierda fragmentada en porciones ajustadas exactamente a tantas opiniones como miembros se afilian a cada una de sus posturas)

Frente a un auditorio perplejo ante el estado de narcotización de una sociedad que disfruta, como ninguna otra anterior, de medios extraordinarios para su formación, su información y su participación activa, defendí con entusiasmo el optimismo de la voluntad y el trabajo honesto desde la política como servicio público.

Nadie dijo nunca que iba a ser fácil.

Por eso quería contártelo, solo por eso.

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