Miércoles 26 de octubre de 2011

Es más de medianoche y regreso de revisar todas las farolas del municipio para comprobar que el apagado de más de 1/3 de ellas garantiza una iluminación suficiente y segura.

No es la primera vez que lo hago y me acompaña el ingeniero, Paco Barberá, que dirige todo el proceso.

Sector por sector, calle a calle y farola a farola, hemos anotado los fallos para corregirlos y hemos probado (ordenador en mano) diversas soluciones en los sectores más complicados (precisamente las calles más céntricas del casco antiguo).

La antigüedad de una parte importante de la instalación, la mezcla de diversos tipos de farolas y el exceso de iluminarias en determinadas zonas, dificultan mucho la tarea.

A través de la programación y del apagado manual que está llevando a cabo la colla de mantenimiento, conseguiremos reducir, como mínimo, un 30% de la factura del alumbrado público. ¡Y vale la pena!

Estoy rendida de sueño… ¡buenas noches, vecinos!

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