Viernes 28 de octubre de 2011

Hoy mi padre ha entrado por tercera vez en la máquina infernal que comprueba el aumento de los índices tumorales. Tic-tac, tic-tac… Medicina Nuclear, hospital Clínico de Valencia.

Con más de 80 años, desplazarse 140 kilómetros para someterse a este tipo de pruebas añade más dolor a un diagnóstico más que previsible. No es mi padre solamente -aunque para mí y para cualquiera puede ser más que suficiente- son miles de pacientes de la Comunidad Valenciana los que sufren una sanidad pública injusta para todos e insolidaria con los más desprotegidos.

Ahora resulta que la inversión pública no está para zarandajas; pero hemos vivido un largo periodo en el que el dinero ha entrado a espuertas en la administración autonómica. Con millones de euros hemos sufragado costes y sobrecostes de obras cuya finalidad se ignoraba cuando se diseñaron y que ahora tampoco importan porque ya hemos comprendido que es imposible mantenerlas (y que era innecesario proyectarlas)

Estamos pagando “a escote” una Ciudad de las Lenguas que no existe, otra de la Luz que se apaga, un aeropuerto ficticio, una Mítica Tierra inverosímil (pero sustanciosa para algunos), el saqueo cometido contra empresas públicas, la pérdida de las dos cajas valencianas… y alguien debería explicar públicamente que las visitas de Fernando Alonso, Carlota Casiraghi o Athina Onassis no van a resolver la situación agónica por la que atraviesa la administración autonómica y que le impide hacer frente a los problemas reales de la gente corriente.

Hoy he consumido un tiempo precioso en resolver asuntos urgentes municipales mientras mi realidad más íntima se mantenía en ascuas.

Ha acabado el día y existen mil razones más para colaborar en la transformación de la sociedad insolidaria, injusta y cretina en la que vivimos.

¿Es razonable que un paciente haya de cargar sobre su cuerpo enfermo 140 kilómetros para someterse a unas pruebas médicas determinantes? (No lo es, pero sucede)

¿Es razonable que se haya dilapidado el dinero público ante nuestras propias narices y todavía haya quien emplee un solo minuto en justificarlo? (No lo es, pero sucede)

¿Es razonable que alguien siga creyendo que es posible mantener viva la duda a pesar de los datos y de los números? (No lo es, pero sucede)

¿Es posible que alguien mantenga un discurso público endiablado contra las evidencias que reconoce y asume en privado? (Sí, lo es. Aunque no sea razonable)

¿Es razonable que todos los políticos seamos medidos por el mismo rasero? (No lo es, pero sucede)

Lo razonable no es posible, y lo que sucede no es razonable. ¡Y así nos va!

(¡Uff, vaya semana!)

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