Martes 29 de noviembre de 2011

 

Te cuento un secreto: me rindo ante un plato de pechugas de pollo rebozadas.

 

La madre de Make me enseñó un secreto: las olvido en la nevera anegadas en leche y les alegro la espera a base de todas las especias que puedas imaginarte.

Regreso muy tarde del ayuntamiento, las rescato, espolvoreo la sal, un poco de pimienta y las veo dorarse a fuego lento. Mientras preparo la mesa tarareo alguna canción porque el día de hoy no ha sido peor que el de ayer.

Mi marido me mira y nos dedicamos una sonrisa, trasteamos en la cocina y salvamos juntos a las pechugas. Una copa de vino, un caldo reconstituyente que surje del fondo del congelador y las pechugas en su punto justo.

¡Qué delicioso es vivir!

(Buenas noches)

 

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