Jueves (santo), 5 de abril de 2012

 

Pronunciar “abriL” nos rescata del invierno.

Esa consonante final -única de todo el calendario- campanillea con gracia al ritmo crecido de la luz que abre las tardes como bocanadas de aire nuevo.

Son más de las 7 de la tarde y acaba mi jornada por hoy. Hago un repaso y tengo los ventanales de par en par. Huele al mar de todos los verdes pintados en la huerta. ¡Es abril, por Dios!

Aunque el trabajo sea titánico, tarde como ésta alivian…

Ordenando papeles, me fijo en el decreto por el que autorizo a que el portavoz municipal del PP acceda al listado de facturas que ha solicitado: desde el 1 de enero al 31 de marzo.

Firmé la autorización porque sé que ese es su derecho, el mismo que me asistía a mí y que durante sus años como concejal de Hacienda siempre me negó con la connivencia del que fuera alcalde y la elaboración enrevesada de decretos (fliquetedecretos, los llamábamos) que nos impedían una y mil veces acceder a la información a la que teníamos derecho.

Mientras cierro carpetas y arreglo la mesa me pregunto con qué fuerza ética reclama lo que siempre nos negó. Es absurdo, lo sé. Porque es incomparable una y otra manera de entender la política municipal, las obligaciones de gobierno y el ejercicio responsable de la oposición.

No importa.

Yo tenía razón porque la ley estaba de mi parte. Antes, cuando pedía y se me negaba; y ahora, cuando autorizo lo que me piden.

Se acabó por hoy… abriL-L-L-L suena limpio, libre y ojalá resbale lento para disfrutarlo.

¡Felices días!

 

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