Viernes 18 de mayo de 2012

De la semana que termina poco debo olvidar. 

Comenzó con una deliciosa sorpresa durante el pasado fin de semana.

Dispuesta a comerme la noche del sábado al aire libre, mi marido se empeñó en que nos fuéramos a casa argumentando las razones más peregrinas cuando en la plaza de España empezaba a soplar una brisa deliciosa que aliviaba la pesadez del primer día de poniente del año.

Con las ventanas abiertas de par en par, intenté paliar los efectos de un dramón televisivo y de otro drama mucho más doloroso: las noticias de los periódicos.

El run-rún de la televisión se quebró cuando sonaron unos acordes en la calle, salté del sofá sin saber qué estaba ocurriendo: un grupo de amigos y la rondalla “Los claveles rojos” de Godella me citaban a ritmo de bolero -con la complicidad de mi marido- para festejar la víspera de mi santo.

¡Bendita suerte, pensé!… Amigos, música y todo el cariño que me brindaron.

Sin embargo, la semana avanzó al ritmo de la prima de riesgo, es decir, sin respiro. Y se confirmaron los pronósticos: pagaremos la línea de crédito concedida por el Gobierno a un 6% de interés (y no a un 5% como llevaban afirmando desde la entrada en vigor del famoso RD-Ley 4/2012)

Pero ha habido más, el presupuesto de 2012 que estamos preparando deberá garantizar un superávit real de más de 340.000€ para cumplir el Plan de Ajuste al que nos obliga el Gobierno.

Y como la semana no contenía elementos para la broma económica, surgió la ocasión cuando ayer mismo supe que Bankia ha sido elegida por el Ministerio de Hacienda para que el Ayuntamiento firme con ella la línea de crédito de 1.144.000€

… Eso sí, hoy he casado a Irene y Pepe, una pareja fantástica desbordante de ilusión. Y con ellos he defendido la alegría y el entusiasmo para seguir caminando.

Porque a pesar de los pesares es lo justo y necesario.

Así que de esta semana, poco que olvidar.

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