Jueves 19 de julio de 2012

 

Una sensación de pasmo generalizado recorre las calles y las plazas de cualquier ciudad española porque quienes las viven sólo aspiran a sobrevivir.

¡Centrémonos, por Dios santo, centrémonos!

Céntrese el Legislador y céntrese el poder Ejecutivo que obliga al Legislador a cometer errores cada vez más dolorosos para el común de los mortales: por sabidos y reconocibles. Sepárense ambos Poderes (como la Ilustración francesa ya recomendó) y cumplan con sus funciones reservadas a cada uno.

Dése trámite parlamentario a las leyes; estudiénse y corríjase lo inapropiado, lo injusto y lo innecesario.

Olvídense del ritual de cada viernes que nos pone los pelos como escarpias aguardando la comparecencia tras el consejo de Ministros. Que los sábados descansen en paz sin el azote de la letra pequeña con la que el BOE nos descubre las miserias de los Reales-Decretos Ley aprobados la víspera.

Dos caras de una misma moneda: la Ministra de Trabajo (Elsa Fornero) derrotada emocionalmente mientras desgrana las medidas adoptadas por el gobierno italiano del que forma parte…

… y la diputada Fabra (que de casta le viene al galgo…), rubricando con una frase que es toda una declaración programática y de principios (“¡que se jodan!”), las decisiones inesperadas y temibles para el futuro del país y de los ciudadanos a los que representa.

¿Saben?, esa frase, las sonrisas y los aplausos del resto de sus compañeros de bancada confirman lo sabido: que sí, que estamos jodidos.

Igual que debieron pensar los italianos cuando vieron las imágenes de la Ministra de Trabajo sorbiéndose las lágrimas y apretando los puños.

Pero sigue habiendo una diferencia: y es que las lágrimas de una se sumaron a la congoja de los ciudadanos de su país, mientras que las estridencias de la otra y los aplausos indecentes del resto se alejaron sin remedio del sentir apesadumbrado de quienes dicen representar.

¡País!