Viernes 12 de octubre de 2012

Entre la lluvia, el sol se rompe contra las sombras; es el viento que seduce a las nubes, las abraza y las reúne.

Ya no hay sol y chispea. Ronronea aún la tormenta y huele a húmedo, a tierra fresca. En el cementerio, los vetustos cipreses han mejorado su aspecto. Ya no cunde su enfermedad con la misma rabia que lo hacía antes. Me alegra verlos inmensos con ese porte  de sensatez que los distingue.

Bendita lluvia apacible que permite que la tierra se empape de agua limpia mientras en los charcos se recrean las hojas y las buganvilias rendidas por el viento. Así, con una parsimonia plácida vence la tarde y hoy ya no habrá sol que reseque este pequeño milagro.

¡Maravilloso otoño!, pienso.

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