Lunes 21 de enero de 2013

Los debates sobre los asuntos que se tratan en el seno de las comisiones informativas no son públicos, por eso no desvelaré los que se han producido hoy en la de Urbanismo.

Lo que sí voy a hacer es permitirme una reflexión a propósito del comportamiento de algunos de sus integrantes. De esa comisión formamos parte: Víctor Jiménez (PSPV-PSOE), Alejandro Llácer (PP), Carla Navarro (PP), José Antonio González (IxR) y yo misma como alcaldesa, que la presido.

Yo pretendía que trabajáramos juntos asuntos que pueden salir notablemente mejorados con la participación de todos. Asuntos que, en algunos casos, ni siquiera habrán de pasar por el pleno porque son competencia directa de la alcaldía o del equipo de gobierno.

Pero no ha sido posible; con la salvedad del concejal de IxR que ha mostrado su disposición y que ha explicado su opinión en todos los asuntos tratados, ni Llácer ni Navarro han estado por la labor. Una labor que, por otra parte, les corresponde como miembros de la Corporación: trabajar y arrimar el hombro.

Una comisión de trabajo no puede convertirse en una ensalada de gritos, provocaciones y gestos de mala educación.

No puede ser que el “difícil carácter” (como muchos califican su comportamiento habitual) de la concejal Carla Navarro ponga en tensión al resto de las personas que estamos allí para hacer nuestro trabajo.

No puede ser que las explicaciones de un técnico municipal se vean contínuamente interrumpidas porque ella -mientras él está exponiendo técnicamente un tema- inicia una conversación a voz en grito con otro concejal, sin atender las mínimas reglas que la buena educación recomienda.

No puede ser que aún no entienda que mientras alguien está hablando, lo correcto es callar y escuchar. Y después, preguntar todo lo que desee.

No puede ser que aún no acepte que sea quien sea quien presida una comisión o un pleno, ella no puede saltarse las normas de respeto y cortesía hacia la presidencia y hacia el resto de sus compañeros de Corporación.

No puede ser que se dirija a nadie de los presentes diciendo “¡No digas tonterías, que tú no te enteras!”

No puede ser que desprecie la presencia de empleados públicos (una auxiliar administrativo, el aparejador municipal y la secretaria general) dando rienda suelta a su proverbial insolencia.

No puede ser que su labor en un pleno o en una comisión no sea otra que poner a prueba la paciencia de los presentes y consumir la provocación hasta el límite de la expulsión.

No puede ser que el portavoz municipal del PP, Alejandro Llácer, no mueva un dedo para resolver una situación que se repite comisión tras comisión y pleno tras pleno. Y aún peor, que se sume a ese rosario de impertinencias.

No puede ser. De verdad que no puede ser.

¿Por qué Carla Navarro no actúa así en los plenos o en las comisiones de las que forma parte en la Diputación?… ¿Quizá porque sus propios compañeros de bancada no se lo consienten? ¿Quizá porque teme ser amonestada públicamente y las consecuencias (mediáticas) serían mayores que cuando lo hace habitualmente en su propio Ayuntamiento?

(Fuente: Diario “Las Provincias”)

No lo sé. Pero lo que sí sé, es que aquí, en Rocafort, sus compañeros de bancada callan y otorgan (e incluso jalean a su modo ese comportamiento indigno e indignante). Y eso demuestra una falta de respeto absoluto hacia la institución que también ellos representan.

Nadie merece el trato que ella dispensa a concejales, a empleados públicos y a los vecinos que representa.  Alguien debería tomar cartas en el asunto porque su notoria desconsideración no resiste ya la mínima justificación.