Viernes 1 de marzo de 2013

Ayer se celebró el pleno ordinario de febrero. Por primera vez en mucho tiempo el desarrollo de la sesión transcurrió sin salidas de tono, ni discursos ofensivos, ni interrupciones… estoy francamente contenta.

Es posible discrepar sin necesidad de provocar situaciones en las que la mala educación protagoniza el debate y el bochorno general invade la sala.

Lo ocurrido durante el pleno de enero (¡y en tantos otros!) daña de manera notable el funcionamiento de la institución que todos los concejales representamos. Por eso, al inicio de este pleno recordé que quienes estamos allí tenemos la obligación de mantener un comportamiento respetuoso con el resto de los concejales y con los vecinos y vecinas de Rocafort.

El pleno es el máximo órgano de gobierno del Ayuntamiento y el Reglamento de Organización, Funcionamiento y Régimen Jurídico de la entidades locales (RD 2568/1986, de 28 de Noviembre) establece el modo en el que ha de dirigirse y las normas para garantizar un desarrollo ordenado.

Anoche, leí los dos artículos -94 y 95- de ese Real Decreto que hacen mención expresa de lo que acabo de escribir para que no hubiera dudas de cómo actuaría si volvieran a repetirse escenas inadmisibles.

Creo de verdad que el ejemplo del pleno de ayer demuestra que la corrección en las formas y el respeto a todos los concejales nos beneficia a todos: al Ayuntamiento y a los vecinos.

¡Feliz fin de semana!

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