Miércoles 19 de junio de 2013

 

Las casualidades también amplían el conocimiento de lo que aborrecemos.

Hoy he hablado largo y tendido con un concejal de Elda.  Una ciudad con más de 55.000 habitantes y un Ayuntamiento  formado por 25 concejales y la nómina de 22 asesores (personal de confianza) del equipo de gobierno.

Se añade un comportamiento despótico de su alcaldesa, tres presuntos* contratos de familiares en un importante medio de comunicación que presuntamente* silencia, atempera, acalla, disimula o encubre lo que puede estar sucediendo… y la tibieza de los funcionarios que deben velar por el cumplimiento de los derechos y las obligaciones de quienes ejercen las labores de gobierno y de oposición.

Hay datos que pueden resultar insignificantes para la mayoría de sus vecinos, pero los ciudadanos hemos de saber que no es posible que los decretos de la alcaldía se escondan durante meses a quienes trabajan en la oposición.

No es posible que en el pleno ordinario de Junio, la oposición conozca los decretos de la alcaldía firmados en febrero.

No es posible que los plenos se celebren a las 10 de la mañana para evitar la asistencia de público (aquí, en Rocafort, lo hemos sufrido durante años)

No es posible que se impida la grabación de los plenos y que no puedan estar a disposición de todos los ciudadanos en la web municipal (ese arbitrario concepto de la información pública también lo hemos sufrido aquí durante años…)

No es posible que la Cuenta General no esté a disposición de los concejales que forman parte de la comisión especial de Cuentas durante 15 días y que sea un concejal de la oposición el que afee esa conducta y que la alcaldesa monte en cólera porque ha sido pillada.

Es decir, que la alcaldesa de Elda hace lo que hace gracias a la connivencia necesaria de quienes la rodean (sus concejales del equipo de gobierno) y a una actitud  incomprensible de los funcionarios que tienen encomendadas las labores de asesoramiento legal preceptivo y fiscalización de sus acciones de gobierno.

O sea, otra situación inadmisible.

 

 

(*) El uso del calificativo presunto y del adverbio presuntamente garantiza mi reconocimiento a la duda razonable: presunción de inocencia.