Lunes 2 de diciembre de 2013.

 

El pasado jueves volvieron a encenderse todas las alarmas… En las comisiones previas ya se intuía pero la realidad supera siempre la ficción.

En un par de las comisiones previas al pleno, Llácer intentó descalificar a algunas asociaciones de Rocafort porque -según él- no están formadas por “vecinos de verdad” (sic)

Personalmente, no sé qué es “ser vecinos de verdad” o “ser vecinos de mentiras”.

(Quizá Llácer entiende que los primeros (“los de verdad”) disponen de una autorización especial otorgada por él y por quienes piensan como él, porque  algún rasgo tribal los distingue del resto y quizá Llácer acepta que los segundos (“los de mentiras”) estemos empadronados en Rocafort (igual que los primeros) pero a condición de lucir un estigma bien visible impuesto por él y por quienes piensan como él)

En cualquier caso, la barbaridad se desbordó en el pleno del pasado jueves. El ataque feroz de Alejandro Llácer y de Sebastián Bosch a las asociaciones de Vecinos en general y a la de Rocafort en particular, fue vergonzoso e inadmisible.

Durante el pleno se debatió una Moción presentada por la CAVE-COVA y la CEAV (Confederación Estatal de Asociaciones de Vecinos), a través de l’Associació de Veïns i Veïnes Antonio Machado de Rocafortreferida a la reforma de la Administración Local.

El primero en explicar su posición fue el concejal “no adscrito”, Sebastián Bosch. Sin embargo, no expuso su posición referente al contenido de la Moción sino que inició un ataque sorprendente afirmando que: “todos sabemos que las tres mil y pico asociaciones de vecinos de España están ahí para ir en contra de la derecha y del centro-derecha…” (sic) Y siguió su ataque.  

Intenté que se centrara en el contenido de la Moción pero prefirió consumir su tiempo arremetiendo contra el asociacionismo vecinal.

Minutos después fue Alejandro Llácer el que embistió; en su caso, centró toda su artillería en intentar desacreditar las funciones de las asociaciones de vecinos, llegando a poner en duda su representación. En su intervención, interpeló directamente al presidente de la asociación de Vecinos de Rocafort, no presente en la sala en ese momento, para acusarle de su falta de representación “porque nadie sabe cuántos vecinos hay ni de dónde son” (sic)

En su habitual “ceremonia de la confusión”, ofició la demagogia más grosera:  llegó a sostener sin ningún rubor que una asociación de Vecinos no representa a los vecinos, porque para eso están los concejales a los que han votado (¡!) 

Que Llácer, Bosch, Aliaga o Navarro estén tan próximos en sus planteamientos no debe sorprendernos. Tampoco debería asombrarnos sus conceptos -¡tan semejantes!- de quién es vecino y quién no lo es…

Lo que resulta admirable (por estúpido) es que en su discurso común en contra de las asociaciones de vecinos y de otras, están poniendo en un brete a todas las asociaciones de Rocafort. Absolutamente a todas.

Primero, porque su concepto de “vecino”  elimina a bastantes personas de todas las asociaciones que cuentan entre sus asociados con personas que no viven en Rocafort.

Y segundo, porque desautorizan a los presidentes de todas ellas que han sido elegidos y elegidas de acuerdo con sus estatutos y la voluntad de quienes pertenecen a ellas.

Por lo tanto, hoy mi voz y mi “post” es en defensa de todas las asociaciones de Rocafort y de sus presidentes y presidentas, ante el incomprensible agravio de los seis concejales de la oposición.