Miércoles 8 de enero de 2014.

Conocí a Francisco a través de este blog.  

Sus primeras intervenciones comenzaron hace ahora 2 años.

A lo largo de este tiempo, Francisco ha expuesto aquí sus dudas acerca del funcionamiento del Ayuntamiento del que ha formado parte como concejal en la oposición; ha explicado situaciones aberrantes que también ha denunciado  en los medios de comunicación de su provincia, ante los Tribunales de Justicia y ante las autoridades competentes en materia de Administración Local de su Comunidad autónoma.

Su Ayuntamiento  -según ha relatado él durante estos 2 años-  debe ser uno de esos lugares en los que la corrupción se cuece en el caldo de cultivo idóneo: silencio, indiferencia, “apoliticismo”, etc.

La inmensa mayoría de la gente cree que la corrupción es esa que  se implanta en los grandes despachos a los que casi es imposible acceder, la que se discute en las líneas editoriales de los medios de comunicación, la que merece la valoración de prestigiosos juristas -ya sean abogados, jueces o fiscales-, la que consigue indignar a los ciudadanos de un país entero y sacarlos a la calle, la que se enreda en paraísos fiscales, la que pone en jaque a la mismísima jefatura del Estado…

Y muy pocos reconocen que para que todo ese llegue, la corrupción ha crecido y se ha alimentado en los lugares más pequeños y, en la mayoría de los casos, con el apoyo de los propios vecinos que -sin pretenderlo- silencian lo que saben, muestran indiferencia  ante los hechos vergonzosos que conocen, se declaran “apolíticos”  para intentar salvar su conciencia, y, en el colmo de los colmos, afirman que “todos los políticos son iguales”.

Si todos esos vecinos reflexionaran, si se interesaran por lo que sucede en su ayuntamiento, si participaran de la vida política de su municipio (que no es otra cosa que participar de los asuntos que directamente les afectan), si defendieran sus derechos y dejaran de considerarlos “favores”… Si creyeran de verdad que su voto (fuera el que fuera) tiene un valor enorme a lo largo de 4 años… Si lo hicieran, la corrupción no encontraría un lugar para alimentarse y crecer.

Unos callan porque es posible obtener una licencia urbanística con un simple abrazo al alcalde de turno, otros lo hacen porque están dispuestos a formar parte de su red clientelar y conseguir un puesto de trabajo a cambio de su voto y el de su familia; otros,  porque temen perder una ayuda, una subvención o el puesto de trabajo que ocupan… Y todo eso es también corrupción porque permite al alcalde de turno administrar el miedo a cambio de  la dignidad de las personas.

Francisco tiró la toalla el pasado 2 de enero. Renunció a su acta de concejal porque ha luchado durante 2 años contra lo que él considera un Ayuntamiento corrupto y el resto de sus vecinos un Ayuntamiento “normal”… ¿Aún creemos que luchar contra la corrupción no es también una cuestión de los vecinos?

Su dedicación al servicio público a través del ejercicio de la política municipal no solo le ha costado dinero de su bolsillo (como a la gran mayoría de los concejales y alcaldes de municipios pequeños y medianos), sino un desgaste personal enorme que solo entendemos y conocemos quienes estamos ahí.

Que su renuncia sirva, al menos, para que los vecinos de Moraleja del Vino reflexionen.

Imagino que su alcalde lo considerará un “triunfo”, pero los ciudadanos estamos obligados a reconocer que ese “triunfo”  es otro paso para que la corrupción  avance y se expanda.

¿O no?

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