Jueves 10 de julio de 2014

 

A petición del Sindicato Independiente (S.I), el martes se volvió a reunir la Comisión Paritaria que ha negociado el convenio del Personal laboral del Ayuntamiento.

Antes, algunos trabajadores me pidieron  poder estar presentes para ver su desarrollo. Por mi parte, ningún problema. Y legalmente, tras consultarlo con el secretario general del Ayuntamiento, tampoco.

Expuse al resto de los miembros de la Comisión la solicitud -a los dos delegados de Personal laboral y al secretario general del S.I-,  así como la disposición de los concejales que también formamos parte de ella; el secretario del Ayuntamiento explicó su opinión jurídica favorable.

La actitud de los representantes de Personal y del secretario general del S.I resultó sorprendente: uno se mostró favorable, otro musitó que “¡no!” y el tercero mandó callar al primero -que inmediatamente se desdijo-  e inició un interrogatorio:

¿Quiénes son?

¿Por qué están interesados?

¿Dónde trabajan?…

La agria reacción del S.I no la esperaba. Es muy extraño que un sindicato niegue a sus representados la oportunidad de asistir a una reunión de este tipo. No existe ninguna razón para hacerlo; porque cuando uno cumple con su trabajo y está seguro de que su comportamiento no persigue otra cosa que defender los intereses del colectivo al que representa, lo lógico es que no tenga ningún inconveniente en que se conozca su labor. Al contrario, debería estar encantado de demostrar en qué invierte su tiempo.

Sin embargo, el S.I no lo permitió. Llamé a las personas que me habían solicitado asistir para explicarles lo que sucedía, pero el secretario general del S.I tampoco estaba de acuerdo en eso.

No me importó porque creo que cualquier trabajador está en su derecho de conocer de primera mano cómo se gestionan los intereses del colectivo al que pertenece y, en este caso, saber qué está ocurriendo con un Convenio con el que están de acuerdo.

Al S.I no le gustó en absoluto mi decisión. Y su secretario general intentó justificarse ante los trabajadores (tres personas)… El secretario del Ayuntamiento volvió a señalar que no existía ningún motivo legal para impedir la presencia de trabajadores y yo, como presidenta de la Comisión, ratifiqué mi total disposición para que se quedasen.

Con más sentido común que sus dos representantes en la Comisión y el secretario del S.I que acude como asesor de estos, los trabajadores decidieron abandonar la sala para que su presencia no pusiera en peligro la ratificación del Convenio.

A puerta cerrada y sin la presencia de los trabajadores -salvo la de los dos Delegados de Personal-, Fermín Palacios (secretario general del S.I) montó en cólera y llegó a acusar al secretario de la Corporación de “tergiversar” la ley, y a mí de “promover” la asistencia de los trabajadores…

Entonces fue cuando corroboré de qué “iba el cuento”: ni los Delegados de Personal ni el sr. Palacios querían a sus propios representados como testigos de la estrategia que habían diseñado para regresar al punto inicial  (noviembre de 2012)…

¿Cómo?:

1. Negando lo sucedido reunión tras reunión

2. Negando que el Convenio fue acordado el 28 de marzo de 2014

3. Negando el contenido del acta de aquella sesión

4. Negando haber mantenido una conversación telefónica con la técnico municipal de gestión el 30 de mayo de 2014, en la que ella le avanzó (a Fermín Palacios) que iba a remitirle esa misma mañana por correo electrónico el texto del Convenio, una vez incorporados al texto las correcciones de estilo que se habían acordado y los informes de la secretaria y del interventor

5. Negando haber recibido nunca ese correo, a pesar de haber recibido todos los anteriores y los posteriores a esa fecha

6. Y poniendo sobre la mesa el 8 de julio de 2014, el convenio de 1996 para re-iniciar otra negociación… (¡!)

Pero, ¿por qué?:

1. Porque el S.I está decidido a dilatar este proceso como sea y a costa de lo que sea.

2. Porque quizá  los beneficiarios de esta estrategia tienen nombres y apellidos que no coinciden con los de las veinticuatro personas de la Plantilla a las que representan.

Así que, S.I: ¡todo aclarado!

 

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