Sábado 21 de febrero de 2015

 

Nuevas formaciones políticas con amplia repercusión en el mapa político del último año, prefieren pasar de puntillas sobre determinados asuntos.

Son asuntos que consideran “molestos” porque no les garantizan adhesiones inquebrantables, porque les exigen un posicionamiento claro en el debate y la más que probable discrepancia con muchos de quienes podrían formar parte de su *target electoral, y porque suponen un elemento perturbador en el discurso no-ideológico que han elaborado para el consumo masivo.

Uno de esos asuntos es la modificación del artículo 13 de la ley orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, que el Gobierno de España ha promovido ahora y que impedirá que las jóvenes menores de 18 años puedan abortar con las máximas garantías para su salud integral y para su vida.

Convertir la falta de protección a esas chicas en una táctica de su estrategia política para acallar a sus votantes más conservadores y a sus seguidores más reaccionarios, iguala ese discurso del PP al silencio medido de quienes, en definitiva, aspiran también a pescar votos en las mismas aguas.

 

(Fuente: elroto.elpais@gmail.es)

 

Tal y como está redactado actualmente ese artículo, las mujeres menores de 18 años que puedan sufrir un conflicto grave al informar a sus padres o tutores legales de su embarazo no deseado porque viven situaciones de violencia intrafamiliar, amenazas, coacciones, malos tratos o se encuentran en posición de desamparo o desarraigo familiar (valorada cualquiera de estas circunstancias por profesionales cualificados), no están obligadas a contar con el consentimiento de sus progenitores o representantes legales.

Pensemos:

1. ¿Qué chica no quiere contar con su madre o con su padre para tomar una decisión de ese calibre?

2. ¿Qué chica no acude a sus padres para revelar la angustia que está viviendo?

3. ¿Qué chica esconde una situación tan dolorosa a sus padres si son quienes más han de quererla, respetarla y ayudarla a cambio de nada?

Todas las preguntas tienen la misma respuesta: solo una joven que sabe que puede recibir una paliza, enfrentarse a coacciones insoportables de cualquier tipo (sociales, religiosas y económicas), sufrir amenazas para que abandone el hogar familiar, malos tratos físicos y psicológicos o que sepa que su padre y su madre no son precisamente las personas que más la quieren en el mundo, solo ella -digo- conoce el grave conflicto en el que se encuentra y las razones por las que nunca podrá confiar en sus padres un drama como el que está viviendo.

La modificación que el PP va a aprobar inmediatamente supone que esa joven quedará expuesta a todas esas posibles situaciones, porque si no cuenta con la autorización de sus padres o de sus tutores legales, no podrá abortar con todas las garantías sanitarias que merece.

Si decide hacerlo, habrá de viajar fuera de España o  someterse a una intervención clandestina con los riesgos que implica.

 

 

 

¿De verdad es tan difícil explicar las cosas como son para que la gente pueda construir su propia opinión? 

El empoderamiento de la gente, una de las aspiraciones más repetidas en el discurso político actual, consiste en fortalecer sus capacidades, su confianza y su protagonismo para promover cambios positivos en las situaciones que viven.  Pero para ello es imprescindible poner a su disposición todas las herramientas con las que de verdad pueden aproximarse sin miedo y con todas las garantías al debate político para tomar sus propias decisiones.

Eso se llama pedagogía política y requiere el esfuerzo y la honestidad de los políticos. Pero solo estamos por esa labor quienes consideramos que el ejercicio de la política debe plantearse de ese modo y no asentándose en las ventajas del **cortoplacismo.

Ni la derecha de toda la vida ni las nuevas fuerzas emergentes (todas ellas basadas en el denominador común de la no-ideología, ¡una aventura que la derecha ha defendido siempre!) han hecho el mínimo esfuerzo para explicar en qué consiste realmente la modificación del artículo 13 de la ley.

Los primeros -la derecha- han preferido mentir y los segundos han preferido callar; es decir, que unos y otros están de acuerdo en que es conveniente hurtar el debate a cambio de un buen puñado de votos.

“Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores”, ha dicho Rafael Hernando, portavoz del grupo parlamentario del PP.

 

(Fuente: elpais.es)

 

Miente, porque la protección del derecho a la vida no se puede reforzar a cambio de la miserable desprotección de los vivos; y miente porque, evidentemente, las menores no están amparadas.

Esos engaños me asquean, lo confieso. Pero conozco los valores que sustentan el pensamiento político de la derecha española: no resistirían un debate honesto sobre el asunto.

Lo que asquea no duele, es cierto; lo que duele es el silencio calculado de quienes se consideran los únicos capacitados para conseguir el empoderamiento de las personas sustrayéndoles precisamente lo que las convierte en protagonistas de sus decisiones políticas: la información, la reflexión y el debate.

 

 

… Y esa reflexión sigue en vigencia.

 

Notas:

*target

**cortoplacismo

 

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