Jueves 20 de agosto de 2015

 

25 mujeres asesinadas

8 mujeres probablemente asesinadas

24 menores huérfanos

35.714 llamadas al 016 (desde el 1 de enero hasta el 31 de mayo)

(Fuente: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad)

De un hachazo, degollada, acuchillada, estrangulada, apaleada, incendiada, encendida, derrotada, derribada, aplastada, asustada, humillada, vejada, asfixiada, despreciada, avergonzada, silenciada, escondida, herida, anulada, rota, violentada, violada. Muerta.

Sí, muerta. Muertas.

Quizá hubo vida antes de aquel minuto en el que todo cambió; antes del primer grito, de la primera humillación o del primer empujón. Antes de casi todo. Antes incluso de que llorara como un imbécil cada vez que te hería en público o en privado.

Es posible que todo fuera diferente. Antes.

¿Te acuerdas…? No, ya no puedes recordar porque apenas puedes pensar.

Estás muerta aunque respiras, cocinas, te peinas, planchas, te acicalas, limpias el baño, el comedor, las habitaciones, la cocina y la terraza. Besas su frente.

Muerta, aunque sigues trabajando dentro y fuera de casa. Muerta, aunque ordenas los armarios, tuiteas, paseas al perro, cuelgas tus fotos en facebook, vas a la tintorería y aprovechas las rebajas para renovar las toallas.

Muerta, aunque abrazas a tus hijos, vigilas su calendario de vacunas, escudriñas sus bolsillos y te importan sus estudios. Muerta, aunque sales de cena con tus amigas, visitas a tus padres  y eres una anfitriona perfecta.

Estás muerta cuando subes al metro y abres tu e-book. Cuando bajas y enfilas la calle, ojeas los escaparates y suspiras.

Aquel te quiero pronunciado con rabia anunciaba lo peor. Aquella mirada diferente presagiaba lo peor. Aquel portazo injustificado pronosticaba lo peor.

Llegó el abuso que te desconcertó. Apareció su carcajada y te sorprendió. Caló la humillación y te aturdió. Más, todavía más.

Él seguía susurrándote al oído cuánto te quería y te pedía perdón por quererte tanto. Renunciaste a la camiseta ceñida que te gustaba. Accediste a enseñarle tus watsApp. Prometiste no cambiarte el color de pelo. Disculpaste su ausencia en la mesa, en la reunión del colegio, en la fiesta sorpresa, en la celebración familiar y en tu cama.

Justificaste sus silencios, sus arrebatos, sus insultos y sus lágrimas borrachas de alcohol y de infamia.

Nunca más top-less, nunca más su camisa sin planchar, nunca más macarrones con queso, nunca más un libro en tu mesilla, nunca más tu sonrisa brillante -provocativa, la llama tu asesino.

Nunca más todo.

Todo salvo lo que yo diga, lo que yo piense, lo que yo opine, lo que yo aguante, lo que yo considere, lo que yo decida, lo que yo acepte, lo que yo te permita […] te quiero, nena. te quiero, cari. te quiero, guapa. te quiero, cariño. te quiero, mamá. te quiero, churri. te quiero, tesoro. te quiero, bombón. te quiero, mi niña. te quiero pero no lo entiendes. te quiero más que a mi vida. te quiero solo para mí. todo lo hago por ti. me deslomo por ti. si te vas, me mato. si me dejas, me muero. si coges la puerta, no ves a los niños. si sales, no entras. si lloras, te pego. si gritas, me espantas. acércate más. no me rehuyas. no sabes qué estás haciendo. vas a conseguir que me enfade. no te comprendo. no te escondas. me vuelves loco. es culpa tuya. todo es culpa tuya. siempre.

¡Que te jodan! Me has arruinado la vida. Me sacas de quicio. ¿Lo ves?, eres tú la que me amargas, la que no me quiere, la que lloriquea. Se acabó. no vas a volver a ver a los niños. tú a cambio de ellos. ¡Que te jodan! Te avisé, te lo dije, te lo supliqué, te lo has ganado, te lo mereces. te lo mereces todo.

Estás muerta.