Lunes 9 de mayo de 2016

 

Mientras asistimos en directo al politiqueo de salón, el PP consigue adecentar su imagen pública y publicada en formatos televisivos calcados unos de otros (que nadie se engañe: “Sálvame es realmente el original), con la inestimable colaboración de grandes grupos de comunicación expertos en pseudo-debates y a los que poco les importa que se trate de comprar los derechos para la retransmisión de la Champions League o de comprarle sus derechos, así en general, a quien se ponga a tiro.

Hay periodistas que vocean el nuevo relato que la derechona más retrógrada de los últimos años en España pone en boca de personajes como Pablo Casado, Andrea Levy, López-Maíllo, Betoret o Isabel Bonig (estos últimos, de casa nostra) También participan sin remilgos mentores de la nueva política, infestada de políticos viejunos. Nada nuevo bajo el sol: consiste en no recordar el pasado para poder repetirlo con la conciencia tranquila.

Orquestar todo eso de cara a la opinión publicada no es difícil en los tiempos que corren, las redes sociales han convertido al común de los mortales en carne de cañón para esos y otros menesteres.

No es cierto que estemos mejor informados, es cierto que estamos más informados. Ese más nos atropella, nos aturulla y nos atocina para cumplir con nota alta su función: impedirnos pensar, porque la información (?) que recibimos ya viene envasada y lista para consumir.

 

Pienso, luego estorbo. Forges

 

 

Mientras eso sucede, la derechona no pierde comba y sigue afianzándose en el poder terrenal gracias a su publicado fervor por lo divino.

Hay muchos ejemplos, pero pocos tan elocuentes -si olvidamos por un momento el “caso Cotino”– como los nombramientos a la deidad.

Ayer leí en el diario Levante-emv que el Delegado del Gobierno (en funciones)Juan Carlos Moragues (ex-conseller de Hacienda con el president Camps, con todo lo que eso significa…) -un gandiense con prédica en el nuevo relato del PP- convocó un acto público para que la Mare de Déu dels Desemparats asumiera competencias terrenales y en pleno periodo electoral.

El entusiasmo por este tipo de nombramientos, no es nuevo. Arturo Torró, alcalde del PP de Gandía entre 2011 y 2015, ya nombró alcaldesa perpetua de la ciudad a la Mare de Déu en la campaña de las pasadas municipales. Debió considerar que nada mejor que compartir cartel con la mismísima Mare de Déu y, de paso, encargarla de la tediosa tarea de administrar lo público, porque para lo divertido y jugoso -la gestión privada de los asuntos públicos- ya estaban él y la pléyade que lo acompañaba (algunos de ellos, convertidos ahora en protagonistas del renovado PP)

 

Así suceden las cosas a mediados del siglo XXI, en un viejo país ineficiente, algo así como España entre dos convocatorias electorales (parafraseando a mi admirado Gil de Biedma)… y con la descarada anuencia de quienes se entregan en cuerpo y alma desde sus púlpitos (en templos o en platós de TV) a mantener y conservar de una manera u otra lo que una mayoría imponente de ciudadanos no nos merecemos.  ¿O será cierto, como demostraron el 20D y los cuatro meses transcurridos desde entonces, que es  todo eso y no otra cosa lo que realmente merecemos?

¡Gensanta, qué tropa!