Viernes 17 de junio de 2016

 

“Una democracia, más que un régimen de acuerdos, es un sistema para convivir en condiciones de profundo y persistente desacuerdo. Ahora bien, en asuntos que definen nuestro contrato social o cuando se dan circunstancias especialmente graves, los acuerdos son muy importantes y vale la pena invertir en ellos nuestros mejores esfuerzos. Aunque mantener el desacuerdo puede ser mejor que ceder a un mal compromiso, aunque los compromisos sean considerados (a veces con razón) el resultado de una negociación entre quienes carecen de principios o una mera cuestión de equilibrio de poderes, una realidad se impone tozudamente: los desacuerdos son más conservadores que los acuerdos; cuanto más polarizada está una sociedad, menos capaz es de transformarse. Ser fiel a los propios principios es una conducta admirable, pero defenderlos sin flexibilidad es condenarse al estancamiento”

(D.Innerarity)