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Miércoles, 30 de noviembre de 2016

Noviembre tiene una consistencia diferente, correosa, lenta, insegura. Como febrero.  

Noviembre no es un puerto al que llegar porque no es un mes definitivo, es, si acaso, un mes definitorio de la muerte.

En mi biografía, noviembre es el mes que esculpió la muerte de mi madre. En silencio y lentamente. Por la espalda, a traición. 

El de 2015, avanzó arrastrándose. Apenas escribí aquí, en mi blog. Noviembre fue un latir extraño, quejoso pero tibio. Así puedo describir la muerte porque la he escuchado llegar: una aproximación tibia y ofensiva. Para mí, que estoy viva.

Cuando diciembre apenas había cumplido un par de días, descubrí que noviembre había estado modelando con sigilo el terrible anuncio de la muerte de mi madre.