Domingo, 4 de diciembre de 2016

 

Resultat d'imatges de navidad 2016 tendencias

Cuando observas de cerca el mes de diciembre, ya no hay solución: estás atrapada en la Navidad.

No la aborrezco ni tampoco tengo “cuñaos sabe-lo-todo” que conviertan las reuniones familiares en un suplicio. Al contrario, estamos bien juntos y nos sigue emocionando el Adeste fidelesCocinamos con cariño, disfrutamos compartiendo mesa y mantel y bebemos sin que nadie se despeñe.

Hablamos, curioseamos, debatimos sin que haya angustia vital que nos obligue al desparrame y los seis nietos de mis padres siguen llamando a gritos a Papá Noel, como cuando eran pequeños y yo les aseguré que esa era la única manera de hacernos visibles.

Mi hija, desde muy pequeñita, aprendió a llamarle y, cuando sus enormes ojos brillaban y su dedito me señalaba las luces del puerto mientras balbuceaba su asombro, la Navidad me daba un pellizco. A su vocecita se unieron con los años las de mis sobrinos Carla, Sofía, Jordi y Catalina, y este año incorporaremos la de Paco. Pellizcos que han ido mordisqueando las navidades de mi vida.

Duelen los pellizcos con los que la Navidad quiere rescatarnos porque ofrecemos una resistencia racional a aceptar que lo que significó para nosotros hace años, es irrecuperable.

Con los años he aprendido que no existe el espíritu navideño. Y que lo que conservo es el sentimiento entrañable de una emoción antigua que mis padres, mis abuelos y mis hermanos me enseñaron a reconocer. Una emoción limpia y asombrosa que, con el tiempo, alumbró un íntimo sentimiento de agradecimiento hacia todos y cada uno de ellos.

Eso es mi Navidad, agradecimiento. Resulta vano su pellizco para rescatarme, porque mi tiempo de Navidad es lo que mi voluntad y mi memoria ahora no están dispuestas a borrar. Nunca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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