Viernes 7 de abril de 2017.

 

Me fijé en ti aquel día; cuando cambió la dirección del grupo parlamentario socialista en el Congreso y bailaron las caras tras el Comité Federal del 1 de octubre de 2016.

Supe que te habían nombrado secretario general del grupo parlamentario y que eras otra de las numerosas “mano derecha” que tiene la presidenta de la Junta de Andalucía. Poco más.

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(fuente: “Astur Galicia Noticias”)

Durante unos días, el debate en las redes sociales ha sido si la expresión “hija de puta” es o no un insulto; quienes consideran que sí lo es, te exigen que dimitas por haber lanzado ese exabrupto contra tu compañera de bancada, Margarita Robles.

Basta conocer un poco nuestras maneras de expresarnos en los diferentes territorios de esta España nuestra, para comprender que no lo es. Que no es un insulto, cuando ni el tono de la voz lo indica ni hay intención en el asunto, porque el objetivo con el que se usa es el de engatusar al auditorio, que, en tu caso, es lo que pretendías.

Yo también te voy a pedir que dimitas, pero por la gravedad de tu propósito: pretender seducir a un grupo de jóvenes tratándolos como si fueran estúpidos.  Así, sin complejos. Sin importarte lo más mínimo mentir, acusar y descalificar para tratar de enrolarlos.

Porque decidiste arengarlos y porque lo hiciste, además, con un Credo (falso) para contribuir a la confusión interesada; porque tu manera de decir y de hacer invoca procedimientos que me avergüenzan y porque vista tu soltura aquel 20 de noviembre y ahora, es fácil suponer que practicas esa conducta a menudo.

Te pido que dimitas porque los jóvenes no son estúpidos y tú eres de los que creen que sí lo son y que se les puede manejar como mejor convenga.

Eso es lo grave, Miguel Ángel, que confundes a los jóvenes socialistas con potenciales políticos de tu misma escuela, a la que crees que puedes alistarlos soltando groserías para arrogarte la auctoritas que no tienes.

(Tampoco la esperes ya)