Viernes 21 de abril de 2017

Es verdad que en el PSOE el proceso de primarias no es nuevo; sin embargo, el que estamos viviendo ahora no permite comparación con los anteriores.

No es lo mismo y lo sabemos todos, porque todos participamos en él de una u otra manera: la propia organización y su aparato, la militancia, los simpatizantes, otras organizaciones políticas, el cuerpo electoral de este país en su conjunto, los medios de comunicación y las redes sociales.

Desde 2008, los diferentes procesos electorales celebrados en España venían señalado una caída incontestable del PSOE, que no hizo sino agravarse:

  • con determinadas acciones del gobierno presidido por Zapatero durante los dos últimos años de su segundo mandato (2010 y 2011)
  • con la insolvente respuesta política al 15M (2011)
  • con la decepcionante tarea en la oposición al gobierno del PP y el acendrado sentido Estado que nunca se ha sabido explicar (Rubalcaba, 2011-2014)
  • con las declaraciones estentóreas y extemporáneas de destacados líderes
  • con la escasa voluntad de reflexión y de pedagogía de los cuadros de la propia organización
  • con la paulatina indiferencia de la militancia, forzada por unas circunstancias en las que no había participado

Y, en definitiva, con el alejamiento del electorado, que en parte se refugió en la abstención o que buscó nuevas respuestas en las fuerzas políticas estatales que surgieron en 2014.

Dejémonos de medias tintas: estas primarias son trascendentales. Lo son para el PSOE porque lo son para la izquierda y las fuerzas progresistas en general de este país.

Son trascendentales para la militancia porque el ejercicio de su responsabilidad, su voto, decide el futuro de este partido y ese futuro ha de contener o no -según quien lidere la organización- la necesidad imperiosa de renovar el proyecto socialista. Un proyecto coherente con el socialismo democrático y la socialdemocracia del siglo XXI, sin complejos ni ambages; o mantener el que arrastramos desde la década de los 80 del siglo pasado. Y no es lo mismo porque ya no somos los mismos.

Hay tanto en juego en estas primarias, que los militantes no solo hemos de mirar hacia adentro de la organización para decidir, sino que estamos obligados a observar y a reflexionar sobre lo que ocurre fuera de ella.

No se trata solamente de elegir a quién ha de dirigir este partido; hay que elegir a quien represente un proyecto concreto, vigoroso y profundamente renovado para restablecer la credibilidad y serenar el desconcierto. Una persona -y un equipo- que, además, goce necesariamente del respaldo de una mayoría social significativa, eso que llamamos el cuerpo electoral de la izquierda y progresista, y que no siempre coincide con la mayoría interna de la propia organización.

Lo relevante de estas primarias es que van mucho más allá de ellas mismas. Que trascienden a la simple elección del “quién” para resolver satisfactoriamente, además, el cómo y el para qué.

Apuesto fuerte por todo ese trabajo, por esa refundación insoslayable; y creo que Pedro Sánchez puede encabezar esa enorme tarea.

 

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