Domingo 14 de enero de 2018

 

La última vez que escribí aquí, saqué a relucir el discurso que pronunció el jefe del Estado, apenas unos días después del referéndum en Catalunya.

He tardado mucho en volver. El exceso de información satura y cuando lo absurdo se convierte en lo cotidiano, prefiero alejarme.

En realidad es que estoy harta de tanta torpeza y de la impostura; asisto atónita a la debilidad de los resortes de la política y al desfile de estupideces y de errores, y vivir en la perplejidad constante también consume el ánimo.

 

Resultat d'imatges de hartazgo

 

 

Lo sucedido en Catalunya es vergonzoso y peligrosísimo: lo miremos por donde lo miremos.

Si la línea de separación de poderes del Estado ya era difusa desde hace unos años, ahora sabemos que ni siquiera existe. Es tal la permeabilidad entre el ejecutivo y el judicial, que, en los últimos meses, el gobierno de España se ha convertido en vocero del segundo sin que sobresalga un clamor público que les obligue a ambos a rectificar.

Sesudos analistas difunden el éxito de Ciudadanos, azuzados por un cambio de época que se dicta desde los despachos de siempre. A nosotros, lectores y oyentes, solo nos permiten ser cómplices de sus propios errores. Sin discusión.

Nos guste o no, es cierto que ese cambio de época planea sobre nuestras cabezas; estamos conviviendo ya con los principios que la sostendrán y no creo que las alertas argumentadas que algunos han lanzado sean suficientes para evitarla.

O sea, que pinta chungo. Todo: la nueva época a la que nos abocan, tras el periodo de hartazgo al que nos han sometido.

#JoderQuéTropa

 

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