15 de julio de 2018. Domingo.

 

Ya estoy cansada de pensar en silencio. Vuelvo a escribir para pensar.  Es más útil. Impúdico y arriesgado, quizá; pero eso nunca me ha importado demasiado.

Hace meses que no soy un perfil activo en facebook y he considerado borrarlo. No lo he hecho todavía. A estas alturas, confirmo que muchas actitudes me aburren y que aborrezco otras tantas. No es alarmante llegar a esa conclusión; sucede de manera natural, cuando consigues tomar distancia y enrolarte en otras travesías apasionantes: atreverte a dar un giro extraordinario a tu carrera profesional y, a la vez, revolver tu casa entera tras más de treinta años viviendo en ella.

Corroboro que disfruto muchísimo aprendiendo y que mi trabajo me lo permite a diario (soy una buena alumna, no lo voy a negar). Y le pongo voluntad, como siempre he hecho para satisfacer la curiosidad que nunca he querido dejar de cultivar.

Mi casa ya no es un altar fragmentado en honor a episodios anteriores de mi vida en singular. No renuncio a ninguno de ellos porque reconozco a la mujer que soy. Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos, y así es como he conseguido crecer a lo largo de mis sesenta años.

He decidido conservar algunos documentos que ilustran la mayoría de mis decisiones públicas. Su valor reside tanto en la segura reconciliación conmigo misma como en la presumible desestabilización de las conciencias de otros. Sin embargo, me importa mucho más guardar en mi memoria los hechos que la apaciguan que mantener abiertas las evidencias de los errores ajenos.

No pretendo obligar a una revisión exhaustiva, ya no la necesito; pero quienes la hayan hecho, saben de qué hablo.

Resultat d'imatges de de limpieza

 

Sí, ¡por fin he hecho limpieza!

Volveré…

 

 

 

 

 

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