Domingo, 3 de mayo de 2020 (cincuenta días en estado de alarma)
El día de mi madre.

 

Si yo te contara, mamá, que la vida que dejaste hace cuatro años, cuatro meses y dieciséis días, se nos ha escurrido entre las manos en apenas un rato de esta primavera… Si te lo contara, mamá, y tú lo vieras, llorarías sin que lo supiéramos porque nunca has permitido que tus miedos y tus dudas se extiendan sobre nosotros.

Si yo te contara, mamá, que los días los calculamos asomándonos a las ventanas; que no hay semanas ni meses sino fases, que la más real de nuestras certezas es la incertidumbre, que seguimos vivos y que eso ya es mucho. Si yo te contara eso, mamá, y tú lo vieras, apaciguarías mi desconcierto con tu ternura inmensa. Me mirarías, mamá, con esos ojos enormes que no necesitan palabras para explicarse y que siempre han velado por que nos situáramos en el lado correcto en cada momento.

Si yo te contara, mamá, que aplaudimos cada día para agradecer esta vida nueva -angustiosa y sin agarraderas sólidas, más allá de nuestras convicciones cuando no tambalean-, si te lo contara y tú lo vieras, te imagino en tu balcón mirando el mar, tratando de hilvanar certezas a las que cosernos.

Si yo te contara, mamá, que ya no estás aunque me roces con tus besos cada día; si yo te lo contara, mamá, te enfadarías conmigo.

Que ya lo sé, mamá, que no estás muerta, que soy yo la que está aprendiendo poco a poco a morirse. Y eso también me lo has enseñado tú y no sabes cuánto te lo agradezco, madre.

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