Estado de alarma. Día 72 (fase 1_octavo día)

Cualquiera somos “Sánchez”, Pablo. Y tú lo eres, ¡hazte el ánimo!

En mi primer día de terraza, un “Sánchez” disfrutaba del aperitivo en la mesa de al lado. Los críos parloteaban y la pequeña repetía su nombre completo. Por eso lo sé. Lo del apellido, digo.

Me acordé de ti, Pablo. Imaginé que el “Sánchez” que estaba tomándose una cerveza a dos metros de mi mesa, eleva un respingo cada vez que te oye pronunciar su apellido con un desprecio insultante. Y eso me llevó a pensar que la insolencia que te distingue es la que te nombra.

“¡Que no eres tú, que es el presidente!”, deben haber escuchado mil veces los “Sánchez” de nuestras vidas.

En un país como el nuestro, huérfano de cultura política, el uso perverso del lenguaje pasa desapercibido y el desprecio institucional es la regla general. Tú eso lo sabes, Casado, y te pusiste manos a la obra para extender aún más la desconsideración y el menosprecio hacia las instituciones y a las personas que las representan. Embarrar el terreno institucional y con ello desprestigiar al propio Estado, nunca te ha importado demasiado. Es cierto.

Editorial: Pablo Casado no deja de sorprender con sus aportaciones ...

Muestras tu desdén y dices “Sánchez”, con la misma arrogancia con la que exiges banderas ondeando a media asta para envolverte en ellas y crespones negros enormes que escondan tu resentimiento. Porque de eso se trata, Pablo, de que necesitas olvidar que él es el presidente del Gobierno y que tú no lo eres.

“Sánchez” podemos ser cualquiera, pero cualquiera no es el presidente del Gobierno. Y tú eres “Sánchez”, Casado, como mi vecino de mesa, aunque te pongas a “pasar revista” al personal sanitario y que ese comportamiento tuyo ridiculice aún más tus rabietas; y aunque ocupes un puesto en la presidencia de un acto oficial, mal diseñado a propósito y vergonzosamente resuelto, para hacerte un hueco en él.

Que no, que no eres el presidente del Gobierno. Que tú eres “Sánchez“, Casado, como podemos ser cualquiera.