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Blog de Amparo Sampedro Alemany

ESCRIBIR PARA PENSAR

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Corrupción

Xàtiva no tiene playa, ¡vaya, vaya!

Martes 26 de enero de 2016

 

Efectivamente, Xàtiva sigue sin tener playa a pesar de que Alfonso Rus lo prometió en un mítin a cambio de que lo votaran.

 

Corría el mes de mayo de 2007 y faltaban cinco días para la jornada de las elecciones municipales y autonómicas de ese año. No pagó por ese insulto a la inteligencia de los demás. Al contrario: obtuvo una mayoría abrumadora de votos y 12 concejales de los 21 que forman la Corporación municipal de Xàtiva.

Un par de años más tarde, Rus arremetió públicamente contra los profesores de Valenciano y prometió “rematarlos”. Nada, solo un rasguño sin importancia en su potente maquinaria electoral y de nuevo mayoría absoluta en las elecciones municipales de 2011.

A su electorado, le gustaba ese tono insolente porque rayaba el ultraje; por eso, aplaudía entusiasmado sus infamias.

 

 

Nada nuevo bajo el sol. La chulería y la soberbia son actitudes del agrado de la derecha más zafia. También la incultura (en el amplio sentido de la palabra) goza de su admiración.

Públicamente, Rus cumplía sobradamente con esas expectativas. Su electorado le reía las gracias y sus palmeros eran capaces de multiplicar la soberbia que destilaba, la chulería con la que se comportaba y la incultura que él tanto valoraba…

(siempre ha habido más papistas que el Papa)

 

En #Rocafort, lo hemos vivido durante muchos años, demasiados años… y aún queda alumnado aventajado de su magistratura y de la de sus más destacados (y destacadas) secuaces.

Oremos.

 

Notas:

Alfonso Rus, detenido

Macrorredada contra otra trama de corrupción en el PP valenciano: “Operación Taula”

Las caras de la trama

 

 

 

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#Serafín Castellano: ese hombre.

Jueves 4 de junio de 2015

 

Conocí la noticia de su detención y la consideré la mejor de ese día, el 29 de mayo de 2015. Lo dije en mi perfil de facebook y me propuse escribir esa misma noche un post aquí porque ambos lo merecíamos, él y yo.

Sin embargo, no lo hice. Ante hechos que pueden desbordar espacios reservados a la mezcla de sentimientos, siempre opto por someterme a una descompresión necesaria antes de escribir. 

La noticia no me sorprendió (antes o después iba a suceder) pero me reconcilió con la vergonzosa realidad, esa que tantas veces no se ajusta a lo cierto, a lo sabido y a lo justo por necesario.

 

(Fuente: lasprovincias.es)

Las imágenes de ese hombre, todopoderoso hacedor de lo que estaba en su mano y de lo que, presuntamente, alcanzaba con métodos detestables, han seguido reproduciéndose en los medios y en las redes sociales desde el viernes 29 de mayo de 2015.

¡Ese hombre, vaya por Dios! Ese hombre que hacía y deshacía a su antojo: que igual prohibía la edición del primer diccionario de la AVL porque no cumplía con sus exigencias políticas, que –presuntamente– contrataba avionetas para sofocar incendios forestales a cambio de que la empresa aliviara parte de sus necesidades personales. Presuntamente.

Ese hombre que, presuntamente, favoreció durante años a una empresa constructora con la que (¡oh, sorpresa!) no solamente compartía una relación de amistad manifiesta, sino también la cuenta de resultados. Presuntamente.

Ese hombre, ¡vaya, vaya!… el mismo que marcó a los funcionarios “non gratos” para el régimen que el PP consolidó en 1999 tanto en la Diputación como en la Generalitat. Presuntamente.

Julio de 1999, un despacho al fondo a la derecha por el que desfilaban los cogotes encorvados que entregaban su “lista negra” a los intrigantes. Unos y otros fueron premiados por su hazaña.

 

Sí, el 29 de mayo de 2015 tenía razones suficientes para no escribir.

 

 

 

 

 

Imputación manifiesta: la gota Malaya

 

Martes 11 de noviembre de 2014

 

Octubre ya fue duro y noviembre no lo está siendo menos.

El conocimiento casi a diario de nuevos imputados a causa de las fechorías que todos imaginábamos aquí en la Comunidad Valenciana, el saqueo de recursos públicos, la hipocresía de quienes, sabiéndolo, inventan “líneas rojas y corta fuegos” no en aras de la responsabilidad, sino para construir las trincheras donde esconderse… Todo eso es nuestra gota Malaya.

Esa tortura que consiste en que la TV, la radio, la prensa o una pantalla de ordenador  derrame la información (los hechos) que demuestra,  gota a gota y a un ritmo continuado, cómo se hiere nuestra dignidad, cómo se burlan nuestros derechos y cómo se insulta nuestra inteligencia.

Eso provoca un estado de rabia, de indignación y de asco que algunos califican de locura. Pero no termina ahí la tortura porque también acaba erosionándose la capacidad de pensar, de reflexionar y de avanzar.

Y aquí estamos los valencianos y valencianas sufriendo nuestra gota MalayaGürtel, Brugal, Emarsa, RTVV, Cooperación, Bankia, Banco de Valencia, CAM, Terra Mítica, Ciudad de la Luz, Ciudad de las Artes y de las Ciencias, Ciudad de las Lenguas, Fórmula 1, Feria Valencia, Valencia Convention Bureau, Valencia Summit, Nóos, Centro de Convenciones, Taroncher,  Aeropuerto de Castellón, Naranjax, etc.

Ayer, volvieron a gotear sobre nuestros ojos y nuestros oídos un par de nombres más: Juan Cotino y Alfonso Grau. El primero renunció a su cargo de president de les Corts Valencianes hace un mes, con la excusa de que había decidido dedicarse al cultivo de los kiwis.

El segundo, Vice-alcalde de Valencia, ofreció ayer mismo una rueda de prensa para dejar claro que no presentará la dimisión porque no le da la gana; y que “las líneas rojas” las pone él (un reto en toda regla al president de la Generalitat, autor de la frase)

Todos ellos y ellas son o han sido parte del mismo partido político que lleva 23 años gobernando esta Comunidad autónoma.

Los hay condenados por la Justicia. Los hay imputados y los que deambulan bajo la sospecha de los Tribunales y del resto de la sociedad, y lo digo sin restringir ni un ápice la consideración que merece su presunta inocencia.

Todos, unos y otros, suman más de un centenar de nombres: Zaplana, Cartagena, Camps, Blasco, Castedo, Hernández Mateo, Olivas, Serafín Castellano, Carlos Fabra, Angéliga Such, Milagrosa Martínez, Vicente Rambla, Gerardo Camps, Víctor Campos, Rita Barberá, Alicia de Miguel, Niurka Montalvo, Esteban Cuesta, Yolanda García, Vicente Sanz, David Serra, Ricardo Costa, Pedro García, Alberto Jaraba, Lola Johnson, José Joaquín Ripoll, Alberto Catalá, Rafael Aznar, Manuel Cervera, Luís Rosado, Díaz-Alperi, Felipe del Baño, Eugenio Cañizares, Vicent Aparici, Francisco Martínez, Adela Pedrosa, Bernabé Cano, Manuel Álvaro, Enrique Crespo, etc. etc. etc.

El estado de locura que provoca nuestra particular gota Malaya en la sociedad valenciana, está servido. 

 

 

 

 

 

 

El cultivador de kiwis…

 

Jueves 3 de julio de 2014

 

Las familias de cuarenta y tres muertos y los cuarenta y siete heridos siguen esperando respuesta de la Justicia y de los responsables políticos.

Hoy se cumplen 8 años y el accidente del Metro de Valencia sigue siendo una vergüenza pública que la sociedad valenciana no hemos sabido resolver (¡como tantas otras!)

Año tras año, muchos nos hemos sumado al dolor de las víctimas acudiendo a la cita del 3 de Julio en la plaza de la Virgen; varios miles han aprendido a comprender su indignación a través de las noticias que difundían los medios de comunicación (excepto Canal-9) y centenares de miles compartieron su rabia cuando Jordi Évole -en la Sexta-  emitió el primer programa de investigación periodística en TV sobre el asunto.

En las Cortes Valencianas, la oposición lleva 8 años denunciando las mentiras, el montaje de comisiones de “investigación” , la indecencia de los actores políticos cuya responsabilidad es evidente…

 

 

 

Esa Valencia que oculta a sus muertos, que esconde a sus víctimas o intenta comprarlas; la Valencia que ofrenda glorias a España a costa de sus propias vergüenzas, la que no permite una queja porque dice habernos situados en el “mapa” (y ya sabemos en cuál); la que se golpea el pecho en Misa diaria y es incapaz de reconocer el dolor ajeno que provoca…

 

 

¡En fin!, esa Valencia que se siente satisfecha porque cree que el silencio y el tiempo todo lo cura y no hay mal que cien años dure…

…esa Valencia hoy tampoco sentirá dolor y podrá dormir a pierna suelta como viene haciéndolo a costa de nuestra vergüenza y de nuestro dinero.

 

(¡Joder, qué tropa!)

 

Francisco Marín, de Moraleja del Vino (Zamora)

Miércoles 8 de enero de 2014.

Conocí a Francisco a través de este blog.  

Sus primeras intervenciones comenzaron hace ahora 2 años.

A lo largo de este tiempo, Francisco ha expuesto aquí sus dudas acerca del funcionamiento del Ayuntamiento del que ha formado parte como concejal en la oposición; ha explicado situaciones aberrantes que también ha denunciado  en los medios de comunicación de su provincia, ante los Tribunales de Justicia y ante las autoridades competentes en materia de Administración Local de su Comunidad autónoma.

Su Ayuntamiento  -según ha relatado él durante estos 2 años-  debe ser uno de esos lugares en los que la corrupción se cuece en el caldo de cultivo idóneo: silencio, indiferencia, “apoliticismo”, etc.

La inmensa mayoría de la gente cree que la corrupción es esa que  se implanta en los grandes despachos a los que casi es imposible acceder, la que se discute en las líneas editoriales de los medios de comunicación, la que merece la valoración de prestigiosos juristas -ya sean abogados, jueces o fiscales-, la que consigue indignar a los ciudadanos de un país entero y sacarlos a la calle, la que se enreda en paraísos fiscales, la que pone en jaque a la mismísima jefatura del Estado…

Y muy pocos reconocen que para que todo ese llegue, la corrupción ha crecido y se ha alimentado en los lugares más pequeños y, en la mayoría de los casos, con el apoyo de los propios vecinos que -sin pretenderlo- silencian lo que saben, muestran indiferencia  ante los hechos vergonzosos que conocen, se declaran “apolíticos”  para intentar salvar su conciencia, y, en el colmo de los colmos, afirman que “todos los políticos son iguales”.

Si todos esos vecinos reflexionaran, si se interesaran por lo que sucede en su ayuntamiento, si participaran de la vida política de su municipio (que no es otra cosa que participar de los asuntos que directamente les afectan), si defendieran sus derechos y dejaran de considerarlos “favores”… Si creyeran de verdad que su voto (fuera el que fuera) tiene un valor enorme a lo largo de 4 años… Si lo hicieran, la corrupción no encontraría un lugar para alimentarse y crecer.

Unos callan porque es posible obtener una licencia urbanística con un simple abrazo al alcalde de turno, otros lo hacen porque están dispuestos a formar parte de su red clientelar y conseguir un puesto de trabajo a cambio de su voto y el de su familia; otros,  porque temen perder una ayuda, una subvención o el puesto de trabajo que ocupan… Y todo eso es también corrupción porque permite al alcalde de turno administrar el miedo a cambio de  la dignidad de las personas.

Francisco tiró la toalla el pasado 2 de enero. Renunció a su acta de concejal porque ha luchado durante 2 años contra lo que él considera un Ayuntamiento corrupto y el resto de sus vecinos un Ayuntamiento “normal”… ¿Aún creemos que luchar contra la corrupción no es también una cuestión de los vecinos?

Su dedicación al servicio público a través del ejercicio de la política municipal no solo le ha costado dinero de su bolsillo (como a la gran mayoría de los concejales y alcaldes de municipios pequeños y medianos), sino un desgaste personal enorme que solo entendemos y conocemos quienes estamos ahí.

Que su renuncia sirva, al menos, para que los vecinos de Moraleja del Vino reflexionen.

Imagino que su alcalde lo considerará un “triunfo”, pero los ciudadanos estamos obligados a reconocer que ese “triunfo”  es otro paso para que la corrupción  avance y se expanda.

¿O no?

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