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Blog de Amparo Sampedro Alemany

ESCRIBIR PARA PENSAR

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Diario de una mirona (de baja médica)

Miedo

23 de abril de 2008, miércoles

Miro a través de mi ventana que me mantiene a ras del jardín. Huele a tierra húmeda, y escucho las noticias.

No hay noticias sobre el dinero cobrado irregularmente en la Casa de Cultura; y el alcalde no se atreve ni siquiera a abrir el expediente informativo que le solicitamos. No sabe hasta dónde puede alcanzar el asunto, o quizá sí, y por eso prefiere retrasar lo inevitable. Él dirá que no tiene miedo, pero yo sé que su prepotencia no le cubre ese flanco. La soberbia sí se lo permitiría, pero él no es soberbio a pesar de lo que muchos puedan creer.

Hay ausencias que explican el miedo. La de Jesús F.Quiñonero en el último Pleno, por ejemplo.

¿Qué hubiera hecho Quiñonero en un Pleno en el que ni siquiera sus compañeros de partido le iban a echar una mano? ¿Cómo iba él a explicar que durante el perido en el que fue concejal de Cultura (2003-07), conocía que se estaban cobrando irregularmente algunos servicios en la Casa de Cultura y mantuvo silencio?

¿Qué hubiera hecho Jesús F.Quiñonero en el Pleno, al darse cuenta de que ni el alcalde, ni el actual concejal de Cultura (y de Hacienda en el periodo 2003-07), Alejandro Llácer, iban a salir en su defensa?

¿Qué hubiera sentido Quiñonero en ese Pleno, que no haya sentido ya? ¿El desprecio de los suyos? ¿El abandono a su suerte de quien le obligó a callar?

Miedo, eso es el miedo.

Paralizan las licencias de ocupación

22 de abril de 2008, martes

Nadie podrá decir que no lo advertimos; el alcalde no podrá negar que le demostramos que las licencias que estaba concediendo para construir eran irregulares.

 

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Lo sabía, el alcalde lo sabía. Y Carlota, y “Pipo”, y Aliaga, y Llácer, y Ana, y Quiñonero. Incluso los técnicos que se aventuraron a firmar la concesión de las licencias, al abrigo del “ordeno y mando” del alcalde. Todos lo sabían. Y aún así, siguieron adelante. Ni siquiera se molestaron en mostrarnos los informes que les reclamamos, para intentar rebatir nuestras afirmaciones.

Ahora el alcalde ha paralizado la entrega de las licencias de ocupación (antiguas cédulas de habitabilidad), porque está esperando aprobar con su mayoría absoluta la Modificación puntual número VII con la que dará por “legalizadas” todas las obras.

El alcalde explica el “parón” que ha ordenado para que quienes compraron esas viviendas puedan ocuparlas, porque está “a la espera de un pleno”. Así, sin más.

La verdad es otra. Esas viviendas, las que están acabadas, y las que no; son irregulares. Y el alcalde y sus acólitos de Urbanismo (todos, concejales y técnicos) han ideado una Modificación para pasar de puntillas sobre toda esta “mangarrufa”, y que sea lo que Dios quiera.

La “tranquilidad” con la que dice respirar el alcalde, se basa en los informes técnicos que le han firmado hasta ahora sus “contratados”: el arquitecto y el asesor jurídico.  Cuando la Justicia le pida explicaciones, servirá en bandeja las cabezas de ambos ante el fiscal. La de estos, y la de cualquier otro que haya aceptado doblegarse a sus intereses. Tiempo al tiempo.

 

 

Será difícil que el alcalde y su equipo de gobierno aleguen para su descargo, el desconocimiento de la materia. Hay innumerables documentos que demuestran nuestras advertencias y nuestras denuncias. Pero prefirieron seguir mirando hacia otra parte.

Prevaricar es: http://www.wordreference.com/definicion/prevaricar

Bulos

21 de abril de 2008, lunes

Mi muleta y yo preferimos ignorarnos, de momento. Ella marca el ritmo, y yo me limito a obedecerla. Camino con torpeza, y el tiempo que tardo en recorrer la calle Bonavista me da para cultivar las relaciones ciudadanas.

Me dicen que alguien anda susurrando por ahí que no hay subvenciones para las asociaciones, “y que el PSOE tiene la culpa”. Me gusta ir de cara y aclaro a quien me escucha que eso es una patraña. Otra más.

No hay subvenciones PORQUE EL PRESUPUESTO DE 2008 AÚN NO HA SIDO PRESENTADO POR EL EQUIPO DE GOBIERNO. Así de claro, y así de simple.

A estas alturas, en el último tramo del mes de abril, aún no conocemos cuál será el presupuesto de 2008 que debería haber pasado por el pleno antes del 31 de diciembre de 2007.

Lo exijimos en diciembre, y la respuesta fue una sonrisa. Lo pedimos en en el pleno de febrero, y Alejandro Llácer nos aseguró que a finales de ese mes ya estaría. Lo volvimos a pedir en marzo, y nos prometió que antes de Fallas lo traería. Lo reclamamos en la comisión que se celebró el 28 de marzo, y allí logré arrancarle el compromiso de que tendríamos un plazo razonable para estudiarlo; pero en la misma reunión Carlota Navarro interrumpió tan loable gesto con un “ni pensarlo, lo tendréis con los plazos mínimos que marca la ley, que son 48 horas antes de la comisión” (así es ella). Llácer no supo ponerse en su sitio, y acató la orden de su jefa. Ni siquiera fue capaz de rebatirla, indicándole que la ley no establece un mínimo de 48 horas, sino de dos días hábiles (así es él)

Unos días después, durante el pleno del 7 de abril, volví a reclamarle el presupuesto: esta vez ni siquiera se atrevió a contestar.

Que quede claro: el PP aún no ha presentado el presupuesto municipal para 2008.  O sea, que si su inoperancia y su vagancia pretenden esconderlas con mentiras y otras artimañas, lo tienen difícil.

Ni existe ya una pollería en la calle Bonavista -sino una finca protagonista de una irregularidad urbanística- para dar pábulo a tanto infundio; ni los vecinos de Rocafort están dispuestos a seguir tragando con lo que durante tantos años sirvió al PP para labrarse su poder: la falsedad malintencionada de los rumores que lanzan.

 

Sala de espera

20 de abril de 2008, domingo

Eso es lo que me he roto: la falange distal del pulgar del pie derecho.

Lo supe al filo de las 12 de la noche de ayer sábado; muchas -demasiadas- horas después de que un tablero se me resbalara de las manos y fuera a caerme justo en ese punto.

A las 17h. empezó mi pregrinaje por los servicios de salud públicos gestionados por la Generalitat Valenciana. Del Centro de Salud de Godella al servicio de Urgencias del Aranau de Vilanova, con un volante para ser atendida directamente por el traumatólogo; lo que debería haber evitado la sala de clasificación, puesto que ya había sido valorada por el médico de urgencias de Godella.

Pero no. Tras dos horas largas de espera, fui llamada a la sala de “Triatge” (clasificación); donde una trabajadora me interrogaba sobre lo sucedido mientras tecleaba en el ordenador -¡con un solo dedo!- lo mismo que yo ya le había relatado al médico de Godella y que constaba en el volante que tenía ante sus ojos.

 

No pude evitar la sala de “triatge”.

Transcurrieron un par de horas más hasta que me visitó un médico (no traumatólogo), y éste fue el que felizmente decidió que había que hacerme unas radiografías. Eso mismo había dejado escrito el médico que me atendió en Godella a las 18h., pero hube de esperar hasta las 22h. para que otro médico opinara lo mismo a la vista de lo escrito por el primero y del aspecto azulado e hinchadísmo de mi pie en la zona señalada por otro facultativo cuatro horas antes. 

Pedí un calmante, y el médico me lo suministró con una sonrisa, asegurándome que lo iba a necesitar porque había “cierto retraso, como siempre”.

Regresé a la sala de espera: es curioso observar a los que convivimos en esa zona durante tantas horas. Se palpa el cansancio, se tensa la amargura, se enfría el dolor, crece el desasosiego, aumenta la indignación, huele el miedo…la vida a medias.

Llegó una mujer joven con un bebé y una maleta. Había sido víctima de malos tratos y se sorbía las lágrimas mientras lloraba su soledad en este país. A través del móvil se comunicaba con alguien a través de un teléfono de asistencia inmediata; escuché que eran felices, aunque él a veces se ponía nervioso. Él es español de Valencia -balbuceaba al teléfono-, lleva pegándome desde el martes y aún no sé por qué. Esta noche le he dicho basta.

Tengo miedo, repetía. Y las lágrimas no la dejaban seguir. Se lo llevó la Policía, ¿hasta cuándo?, preguntaba. Tengo miedo, y se ahogaba de pena.

Por fin me hicieron las radiografías, y cuando regresé a la sala de espera la mujer joven seguía allí con su niño en una mano, y en la otra la maleta.

El traumatólogo me atendió a las 12 de la noche, y diagnosticó una fractura de la falange distal del pulgar del pie derecho. Lo hizo con amabilidad y muy pocas palabras. Las suficientes para que yo le entendiera, y las mínimas para que él no se agotara en su intento de explicármelas.

No volví a la sala de espera, pero escuché al bebé llamar a su madre.

 

 

 

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