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Blog de Amparo Sampedro Alemany

ESCRIBIR PARA PENSAR

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Elecciones marzo 2008

Mitin

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El sábado celebramos nuestro mitin en el Hogar del Jubilado. Y hubo lleno, hasta la bandera.

En los tiempos que corren, los mítines han variado su significado sensiblemente en los municipios pequeños como el nuestro. Por eso fue importante la presentación que Felipe Zayas, secretario general de nuestra agrupación, hizo del acto; y más aún, su oportuna lectura del poema de Mario Benedetti “Defender la alegría”.

Inmaculada Rodríguez-Piñero, vecina de Rocafort, y número dos de la candidatura socialista que encabeza M.Teresa Fernández de la Vega, explicó con claridad los éxitos indudables del gobierno y los apasionantes retos que nos ofrece, con la seguridad de que serán dirigidos con la solvencia, la responsabilidad y el respeto que Zapatero ha demostrado hasta ahora.

Me sorprendió gratamente encontrar a personas que no están ligadas, por su militancia, a mi partido. En mi intervención me dirigí a todos ellos, especialmente. Para que nadie crea que un discurso partidista contamina la realidad más allá de lo que podemos comprobar con nuestros ojos.

No negaré que vivir en Rocafort hace más fácil explicar las diferencias entre el proyecto del PSOE, y las pretensiones del PP. No hay más que mirar lo que está sucediendo aquí. Salir a la calle y mirar. Solo eso ya es suficiente para comprender que no es lo mismo.

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El debate (1a. parte)

Llegó el debate. Sucedió, nos inmovilizó frente a la TV, y hoy ha sido el protagonista de buena parte de nuestra jornada.

Por primera vez un debate político ha convocado a más espectadores que una final de la Champions. Y me parece una buena noticia, porque eso significa que a pesar de lo que corre como un rumor asfixiante y que pretende convencernos de que la mayoría de los españoles o nos declaramos “apolíticos” o sacudimos nuestro desprecio hacia los políticos con un “todos son iguales”, está claro que a una inmensa mayoría sí que nos interesa la Política.

El debate aclaró más puntos. Los escenarios, por ejemplo. Los escenarios en los que se desarrollan proyectos bien diferentes. No es el mismo proyecto el que defiende el PSOE, que el que propone el PP.  No es lo mismo.

Anoche quedó meridianamente claro en aspectos muy concretos. En la inmigración, por ejemplo. El PSOE apuesta por soluciones desde el origen; y propone -y ha hecho- un trabajo serio basado, primero, en la ayuda para la cooperación con los países que se desangran con la salida de sus ciudadanos en busca de oportunidades para la supervivencia. Y en seguno lugar, con la regularización de las personas que llegan; es decir, contratos de trabajo, cotización -como cualquiera de nosotros- a la Seguridad Social, y la obligación de someterse a nuestro sistema legal.

 

El PP, sin embargo, pretende atacar el problema con la mirada corta; olvidándose del origen del problema, que no es otro que la paupérrima situación que les obliga a huir de su tierra. Y cuando están aquí, y trabajan como nosotros, y cotizan como nosotros, y colaboran al pago de las pensiones de más de un millón de personas de este país, y están obligados a las mismas obligaciones que nosotros, además, quieren que firmen un “contrato” por el que deben comprometerse a aceptar nuestras “costumbres”.

¿Qué pretende avivar Mariano Rajoy con esa sorprendente medida? ¿A quién quiere tranquilizar con su anuncio?

 

Hubo más. Se evidenciaron sensibilidades diferentes ante cuestiones concretas: la cultura, la educación, las políticas sociales y el respeto a las instituciones.

Y el PP enarboló la bandera de la demagogia cuando pretendió adueñarse -otra vez- del discurso antiterrorista para su beneficio.

Mariano Rajoy afirmó sin ruborizarse que un presidente del gobierno decide quién entra en prisión y quién sale. Convocó a los fantasmas del “poder omnipresente” que, a su juicio, están al alcance del presidente del ejecutivo, y se cargó de un plumazo los principios del Estado de Derecho.

O sea, que ni los jueces, ni los tribunales de Justicia, ni el Constitucional, ni el Supremo tienen nada que decir, si lo que van a decir no es del gusto del presidente del gobierno de turno. ¡Vaya por Dios, D.Mariano!

Me gustó el debate.

Me gustó la serenidad y la seguridad de José Luis Rodríguez Zapatero, un candidato a la presidencia del gobierno, que defendió un proyecto Político basado en la confianza, en el trabajo, en la ambición de progreso, en el respeto y en las instituciones democráticas.

En su última intervención, Mariano Rajoy quiso cambiar de registro; y entonces fue cuando nos contó el cuento de la niña del futuro al que nos convoca. Una niña con padres normales, en una casa normal, con una escuela normal y con un futuro normal.

¿Normal? ¿Quién decide lo que es normal, sr. Rajoy?

Buenas noches y buena suerte. A todos y a todas.

Vota con todas tus fuerzas

 Vota.

Si él no se queda en casa, ¿qué razones tienes tú para hacerlo?

 Vota.

Que el tiempo no te cambie. Recobra el entusiasmo, porque es posible entender la Política de otro modo.

Vota.

Porque no somos lo mismo.

Defender la alegría

 DEFENSA DE LA ALEGRÍA

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
                  y también de la alegría

(Mario Benedetti. Poesías cotidianas. 1978-1979)

Defender la alegría es un trabajo de titanes en tiempos como estos en los que arrecia la crispación, las descalificaciones silencian a la palabra y los malos augurios invaden el futuro que nos pintan algunos.

Defender la alegría es obligación de quienes creemos que es posible conseguir lo que es necesario para todos, a costa de nuestro empeño y con generosidad a raudales. Con entusiasmo, con argumentos, limpiamente y con un discurso transparente que somos capaces de modular en aras de los acuerdos que mejoran la convivencia.

Defender la alegría es labor diaria; ese diminuto gesto que es una sonrisa franca cuando llueven amenazas endemoniadas, o cuando la duda asoma en la mirada de los temerosos.

Defender la alegría es un bálsamo que tranquiliza a la esperanza mientras construimos el futuro juntos. Con responsabilidad y con hechos irrefutables.

Defender la alegría es la mano tendida al respeto de los diferentes para empezar a conocernos. Enhebrar el diálogo y coser puntadas firmes a la tela que estamos compartiendo.

Defender la alegría es la recompensa de quienes defendemos lo que merecemos, sin dar pábulo a la clemencia de los autoritarios; porque habiendo manos que mecen cunas silbando el miedo, y ojos que escudriñan con descaro nuestros actos como si en ello les fuera el anclaje de su mando (y les va), no hay respuesta más contundente que la alegría de saber que somos capaces de seguir avanzando.

Y demostrarlo.

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