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Blog de Amparo Sampedro Alemany

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¿Juego de peones otra vez?

Jueves 27 de abril de 2017

 

 

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No me gusta lo que veo y lo que me temo. No me gustan los rumores ni los titulares excesivos ni las mentiras de toda la vida, aunque ahora se llamen “posverdad”.

 

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La maledicencia y el miedo me inquietan; la maledicencia denigra y el miedo nos convierte en rehenes de quienes lo administran.

Por eso, lo que está sucediendo en el PSOE me alarma. 

El ex-presidente Zapatero señaló hace un par de días que quería “deshacer los prejuicios” que -según él- existen hacia Susana Díaz, por ser mujer y andaluza. Lo dijo durante un acto del PSC.

¿Se dirigía a los militantes del PSC?, ¿les estaba diciendo que hay “machismo” y “xenofobia” en el trato que dispensan a Díaz?

Pero, ¿qué maldita locura es ésta?… ¡Cómo no me voy a alarmar con una declaración así de un destacado militante, dirigida a sus propios compañeros!

Sentí lo mismo cuando escuché a Verónica Pérez, a Estela Goicoetxea, a M.A. Heredia, a Lambán, a García-Page, a Fernández-Vara, a Abel Caballero, a Mario Jiménez,… y a tantos otros que no hacen sino multiplicar por sí solos el descrédito que arrastra el partido. Y esa operación arrojará un resultado pésimo para la organización, sus militantes y simpatizantes, y para los votantes progresistas.

Me preocupa y mucho lo que está sucediendo.

En este proceso de primarias, ofende el comportamiento “a la desesperada” de algunos representantes socialistas que han tenido o siguen teniendo responsabilidades públicas y orgánicas.

Cuando vacían sus vísceras a micrófono abierto, es desolador.

Cuando acusan sin fundamento, es intolerable.

Cuando enmarañan el objetivo de las primarias -la elección de la secretaría general Federal– para confundirlo con causas territoriales, es un error enorme.

Que ahora se sientan acorralados por las circunstancias que ellos mismos provocaron, es un grave problema. Es verdad.

Pero también es cierto que programar un juego de peones pero sin peones, contiene un riesgo altísimo. Y esta vez parece que los peones sí van a estar.

 

(¡Atónita me tienen!)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

#LaHoradelasMujeres, ¿ahora @susanadiaz?

Domingo 23 de abril de 2017

 

Susana, no quiero pensar que fuera cosa tuya eso de #LaHoradelasMujeres.

Prefiero creer que tu equipo buscó un efecto feminista para singularizar tu candidatura y resulta que no se les ocurrió nada mejor que reproducir el mismo error que comete la derecha más reaccionaria: confundir el femenino con el feminismo. Nos han hecho un flaco favor a todas, Susana

“¡Vamos a dar una oportunidad a las mujeres!”, debieron pensar, y en las redes sociales echaron el resto.

¡Qué bochorno, Susana!, ¿verdad?

Ya me contarás, yo estoy francamente enfadada. Supongo que tú también, porque las dos sabemos que el PSOE no es quien nos da o nos quita oportunidades a las mujeres en tu nombre; sino que somos la militancia, hombres y mujeres feministas, quienes hemos de ofrecer un proyecto con oportunidades a todas las mujeres de este país.

Ya ves qué distinto es.

Un partido político como el nuestro en el que miles de mujeres se han dejado mucho más que la piel durante sus más de 135 años de historia, no puede presentarse de una manera frívola. Y tu campaña lo ha hecho.

Madre mía, Susana, qué pena. Pienso en las mujeres de carne y hueso que a cambio de nada han bregado a lo largo de esos 137 años en la política activa y a diario; a escondidas primero y públicamente más tarde; en el exilio primero y demasiadas veces en su exilio interior; en su tiempo libre y en el que no les dejaban libre, también. En sus barrios, en las fábricas, en sus pequeñas agrupaciones, en la escuela, en su matrimonio, en ayuntamientos, en el Congreso…

Una mujer joven de tu entorno pronunció aquello de “yo soy la autoridad” para consumar una vileza; otra se arrogó una formación universitaria que no tenía para conmover a un auditorio entregado; otra, que desde el pasado 1 de octubre actúa de portavoz tuya en los medios de comunicación, acaba de calificar a Macron como “socialdemócrata”… 

 

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¡Qué pena todo!, ¿verdad @susanadiaz?

 

 

 

 

Mi hija sí es Biotecnóloga, Estela Goikoetxea

 

Miércoles 29 de marzo de 2017.

Sí, Estela, mi hija sí que es Biotecnóloga y doctora.  E investigadora.

Dice tu currículum que empezaste esos mismos estudios en la Universidad de León en 2005, pero sabes que esa especialidad [ese Grado] no se implantó en León hasta 2009; y sabes que, en cualquier caso, no es posible entrar en la Universidad a los 14 años, que era la edad que tú tenías por aquel entonces, en 2005 (*)

Pero todo eso ya lo sabes, Estela.

 

(fuente: youtube)

 

Lo que no sabes es cuánto me ha dolido lo que has hecho.

Quizá sea porque tengo una hija de tu edad y sé cuánto ha trabajado para sacarse la carrera a curso por año, máster y doctorado en tres y convertirse en post-doc desde el 1 de febrero de 2016.

Te vi el domingo en la presentación de la candidata Susana Díaz.  Hablaste de las duras condiciones que tenéis los jóvenes de tu generación a los que se os prometió que si estudiabais, tendríais un futuro. Mientras lo decías, parecías enfadada.

Pensé en mi hija: un excelente currículum, cinco idiomas, habilidades docentes, capacidad divulgadora y una voluntad férrea para seguir aprendiendo.

Cuando te escuché el domingo, te creí.  Pero anoche mismo supe que habías dimitido por haber falseado tu currículum. 

¿Sabes?, mi hija llegó a sentirse del PSOE, pero un día se fue.

No entendía por qué este partido nuestro -el tuyo y el mío- invertía más tiempo rindiendo homenajes a los antiguos líderes y a celebrar sus logros (que los hay y muchos), que en apoyar a quienes proponían avanzar profundizando en nuestros principios y valores para expandirlos, sin olvidar la historia; no para repetirla, sino para engrandecerla.

Mientras te escuchaba el domingo, observé la primera fila; la misma foto, que, para solemnizar su apuesta, el diario ABC insertó a todo color y a doble página en las hojas centrales de su edición en papel del lunes; esa tremenda foto que explicaba que de lo que se trata es precisamente de repetir la historia.  Con caras jóvenes, como tú misma, pero repitiendo la misma historia.

Y no, Estela, esta vez sí que no.

Muchas noches hablo con mi hija, que desde finales de febrero trabaja en una Universidad sueca con un contrato de post-doc que ganó a través de un concurso público.

El domingo nos decía a su padre y a mí que Pedro Sánchez la convencía; que llevaba meses siguiéndolo y que con él al frente, esta vez sí que sí, que el PSOE podía conseguir volver a reunir a las personas que -como ella- habían tirado la toalla.

Esta noche volveré a hablar con ella; y no, no le voy a contar lo tuyo porque mi hija es muy sentida con las cosas de su profesión y con las de la política.

(Sí, Estela, ahora está aprendiendo también sueco)

 

(*) Es cierto, sí pudiste entrar en la Universidad en 2005 porque tenías 18 años. Ha sido un error mío de cálculo, como me han indicado un par intervinientes.

 

 

En marzo, a mediados de los 70

 

(A Carmen y a Manuela)

 

El 8 de marzo de mediados de los 70, no era 8 de Marzo.

Era marzo, sí, y también olía a Fallas. Pero no era 8 de Marzo.

Uno de esos años -debió ser en el 78-, ese día tenía examen oral de literatura hispanoamericana y la obra del escritor argentino Manuel Puig caía seguro porque el profesor de la asignatura le profesaba una admiración desmedida. 

El 8 de marzo yo acabaría escribiéndolo con mayúscula. Y no porque aquel día me hubiera quitado de encima un montón de materia con una buena nota, sino porque al poco de llegar al piso que compartía con otras dos estudiantes nos visitó “la secreta”.

Hace 40 años, si eras universitario, obrero, cura sin hábito, trabajador de la Ford o si tenías una ciclostil en casa, lo peor que te podía pasar era que se plantara en tu puerta “la secreta”.

Nosotras cumplíamos con dos de esos requisitos: éramos universitarias y en casa había una ciclostil de la que habían salido parte de los panfletos reivindicativos que ese día podían verse en la avenida del Paseo al Mar (hoy Blasco Ibáñez), que es donde estaban todas las Facultades. 8 de Marzo.

Una de mis compañeras de piso nos había confesado un tiempo antes que era la presidenta de una asociación que luchaba a favor de los derechos de la Mujer y de la liberación sexual de los hombres y de las mujeres, que ella misma era lesbiana, que en su habitación escondía una ciclostil que echaba humo de tanto que la gastaba, que estaba preparando unos panfletos para el 8 de Marzo y que tenía una novia que estudiaba Medicina.

 

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Mi otra compañera y yo nos quedamos “muertas en la bañera”; o sea, que todo así, de golpe, no pudimos digerirlo inmediatamente.

Así que, nuestra compañera tomó aire y nos explicó que las chicas que, como ella, amaban a otras chicas no eran marimachos sino lesbianas; que la liberación sexual era un derecho porque la homosexualidad era una opción íntima que en otros países de Europa (¡0h, Europa!) ni se demonizaba ni era delito. Que en España, la invisibilidad de las lesbianas era obligada, si no querías que te partieran la cara o que te marcaran de por vida como una apestada. 

Nos informó de que los chicos que se enamoraban de otros chicos no era maricones sino gays, que era una palabra que había empezado a usar la comunidad homosexual en San Francisco para referirse a sí misma. Que también lo tenían muy complicado para manifestar su opción sexual, pero que las mujeres lo teníamos mucho peor porque la tradición machista de nuestra cultura nos había impuesto un papel determinante al frente de la casa y de los hijos y con un marido que era el que nos protegía, nos traía el dinero a casa y nos quería (a veces)

Nos ilustró sobre el 8 de Marzo y nos habló de las sufraguistas norteamericanas de finales del XIX, de la lucha de las trabajadoras textiles de Nueva York a principios del XX, del permiso a las mujeres para acceder a la Universidad ese mismo día de 1910 en España, del movimiento feminista, del derecho al divorcio, del derecho al aborto y del derecho a decidir por nosotras mismas.

Por entonces, yo ya había participado en manifestaciones a favor de la legalización del Partido Comunista y de la amnistía de los presos políticos; ya me había solidarizado con los trabajadores de la Ford que, a mediados de los 70, interrumpían la producción para echarse a la calle; y con los PNN’s. Ya había asistido a asambleas de estudiantes y de trabajadores, que estaban prohibidas; ya había expresado públicamente mis recelos acerca del proyecto de ley para la Reforma Política que se sometió a referéndum en diciembre de 1977; ya sabía cómo se las gastaban los Guerrilleros de Cristo Rey, ya conocía a “el cojo” y sus andanzas con los grises, que entraban a caballo en la Facultad para callarnos de puro miedo.

 

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Sabía que si acudía a un cine-fórum privado a ver una de Pasolini, de Lang o de algún otro director que consideraban “peligroso comunista”, me encontraría con un par de “la secreta”, que venían a clase para despistar, y que acudían a aquellas sesiones para tomar nota de quienes estábamos. 

En fin, que hace casi 40 años, eso me lo sabía pero ignoraba todo lo que mi compañera de piso nos había revelado. Ignoraba que ser una mujer libre no era posible. Ignoraba que mis derechos tenía que ganármelos en la calle como hacían los obreros para exigir los suyos o los partidos políticos para reclamar su legalización.

Es decir, que la batalla de las mujeres se multiplicaba tantas veces como razones hubiera para empujarnos a la calle. Como personas, por las libertades públicas; como estudiantes, por una Universidad libre; como trabajadoras, por los derechos laborales y como mujeres, por la igualdad de derechos y de oportunidades en las políticas públicas, en la Universidad, en el mundo laboral, en el ámbito político, en el sindical, en el sanitario, en la Enseñanza, en las relaciones privadas, en el matrimonio y fuera de él, en las relaciones sociales y en las económicas, en el ámbito mercantil y en el estrictamente civil.

No había ni un solo espacio de la actividad pública y de la privada en el que la batalla que habíamos de librar no fuera doble que los hombres.  

En definitiva, ignoraba que fuera imprescindible luchar a diario para que los derechos de los hombres no se construyeran contra los de las mujeres y que los nuestros se reconocieran.

El tipo de la secreta no iba solo; preguntó por nuestra compañera y nos miraron a las tres con un desprecio que dolía.

Ella les dijo dónde escondía la máquina y les garantizó que nosotras no sabíamos nada de nada. Tenía razón, aún lo ignorábamos casi todo de nosotras mismas, las mujeres.

Se ocuparon de que la ciclostil nunca volviera a funcionar: la destrozaron. Carmen, que así se llamaba, se fue con ellos y nos tranquilizó para que no nos preocupáramos por ella.

Regresó un par de días más tarde, embaló sus cosas y nos dijo que volvía a su pueblo durante una temporada. Estaba triste, abatida. No le preguntamos qué le había pasado durante los días que estuvo detenida porque seguíamos aterrorizadas. Ella tampoco dijo nada, solo lloraba. 

Regresar a su pueblo significaba tener que esconder a la mujer que ella era, abandonar a su novia, dejar de lado los estudios y claudicar.

Nunca volvimos a saber de ella. Tenía una sonrisa franca y una fuerza expresiva descomunal; era valiente, inteligente y una estudiante brillante.

Si alguna vez ella lee esto y se reconoce, quiero que sepa que empecé a escribir el 8 de Marzo con mayúscula aquel día de aquel año y que, desde entonces, he sostenido a diario la batalla por la igualdad. Una batalla que siempre ha ido unida a cualquiera de las otras que, como persona, he tenido que librar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Naufragio

Martes 7 de marzo de 2017

[Microrrelato]

Cerró los ojos y sopló las velas, como si pudiera hincharlas y zarpar de allí.

El agua le cubría la barbilla. No podía moverse porque ese esfuerzo sería el último que hiciera; por eso permaneció quieta mientras buscaba en su memoria los límites a los que agarrarse. Quería salvarse, de eso estaba segura.

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Con una mano rozó la frontera que separaba aquel cubículo del resto de la estancia y el frío erizó su piel. Aún con los ojos cerrados quiso alcanzar las velas y volver a intentarlo, pero el albornoz le cayó encima y un silbido familiar desordenó la escena.

Olía a verdura hervida, era lunes.

El talento de las mujeres (I)

Lunes 6 de marzo de 2017

[Texto que preparé para el homenaje que le rindieron el Ayuntamiento y diversas asociaciones cívicas y culturales el pasado sábado a Berta Ferriols Monrabal, en la Casa de Cultura de Rocafort]

Bon dia i feliç.

Tenia moltes ganes de veure-vos a tots i a totes altra volta, junts, i hui, tots a una veu.

Tots a una veu pel respecte, la consideració i el reconeixement públic cap a una dona com Berta Ferriols Monrabal.

Hola Berta, cariño.

Hace unos días la Associació de Veïns i Veïnes A. Machado me brindó la oportunidad de abrir las intervenciones de esta tarde para hablar de ti. No me lo pensé dos veces y les dije: “per Berta, el que faça falta”

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Y añado ahora, por Berta y por todas esas mujeres que como ella, y también como mi madre, quizá nacieron 50 años antes de lo que su talento y su espíritu crítico merecían.

Te conocí hace más de 30 años, cuando acudí por primera vez a tu tienda; y acudí con precaución, Berta.

Me habían hablado de ella y de ti. Para mí entonces la ropa era un instrumento de trabajo, como lo es la bata blanca de un sanitario, y temía encontrarme una “boutique” tan exclusiva como las que separaban a las chicas, como yo lo era entonces, de las mujeres que adoptaban el apellido de sus maridos para presentarse. La señora de tal, la señora de cual…

A mis 25 años, lo de adoptar el apellido del marido para poder ser reconocida y tener identidad propia, ya me parecía escalofriante.

Paseé por la tienda mientras atendías a una señora empeñada en llevarse una pieza carísima que tú sabías que jamás se pondría. En voz baja, la convenciste de que no lo hiciera y me gustó que actuaras con tanta delicadeza.

Nos quedamos a solas y aprovechaste para observarme, sin molestar.

Me sentía perdida entre la ropa que colgaba de los percheros, con la que no podía identificarme. Estaba muy incómoda y te acercaste para decirme: “No te preocupes, ni la mires. Sería como disfrazarte, tú eres de otra manera” Y me gustó que me tranquilizaras. Salí sin nada.

A los pocos días me llamaste, volví y me mostraste una cazadora blanca que aún conservo.

Tiempo después, me dijiste: “Quiero que conozcas a mi hija Berta porque estoy segura de que congeniaréis enseguida, estudia Periodismo”  Y acertaste, ¡claro! ¡Cómo no ibas a acertar, si ya me habías “fichado”!

Lo hiciste –lo de ficharme, digo- sin que yo misma me diera cuenta. Porque eres una mujer intuitiva, inteligente y audaz. Mucho, muchísimo.

Siempre supiste –mucho antes de que yo lo intuyera- que ambas, tú y yo, compartíamos cosas relevantes: ideas, emociones y los sentimientos que nos acarrean esas ideas y esas emociones. Y de algún modo deseabas poder defenderlas, como yo ya lo hacía entonces, con absoluta libertad. Y lo has hecho, ¡vaya si lo has hecho, Berta! Sin miedo, con ganas y con argumentos.

Te admiro, Berta. Te admiro por tu talento, por tus ganas de saber y de comprender.

Te admiro por tu espíritu crítico, el que te permite construir certezas tras resolver muchas dudas razonables.

Admiro tu juventud a los 77 años. Sí, Berta. Eres infinitamente más joven que quienes viven cómodamente en el inmovilismo y la cobardía. Sin dudar, sin querer saber y sin querer comprender. Aunque tengan 20 años, o 40 o 60…

Querida Berta, sabes que mis abrazos a lo largo de estos años son mi hondo reconocimiento a tu valentía, a tu generosidad y a tu humildad. Pues hoy más, si cabe. Y públicamente.

Tú eres aquella mujer de la que yo le hablaba a mi madre. Yo le decía: “Mami, en Rocafort hay una mujer que le pasa lo que mismo que a ti: que nacisteis 50 años de lo que merecíais”. Y ella me sonreía.

Yo, que soy hija y nieta de generaciones cuyas mujeres no eran sino un cerebro inescrutable, como los caminos del Señor (Amén)

Hija y nieta del “Tiempo de silencio” de Martín Santos, de la Navidad con “Mujercitas”de las letras de Mocedades“…tú me admiras porque callo y miro al cielo. Tómame o déjame”; de Cecilia“… era feliz en su matrimonio, aunque su marido era el mismo demonio”, o de Jarcha y una libertad sin ira para “… gente que solo desea su pan, su hembra y su fiesta en paz […] gente muy obediente hasta en la cama…”

Hija y nieta de generaciones de mujeres malheridas, malqueridas y malparadas. Y todas ellas bienparidas.

Yo, querida Berta, reconozco en ti lo que escribió Galeano, “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

Te quiero mucho. Muchísimas gracias a todos.

Mujeres valientes, según @JorgeBellver. Amén.

Jueves 9 de febrero de 2017

Ayer, el portavoz del PP en las Cortes Valencianas, Jorge Bellver, dijo reconocer la valentía de las tres diputadas que defendieron las posturas de sendos grupos parlamentarios sobre un asunto “tan incómodo” -así lo calificó él- como la lengua. A pesar de ser mujeres.

El fantasma que con más frecuencia agita el PP en la Comunidad Valenciana, es el de la “batalla de la lengua” y blandir esa obsesión es señal de cobardía.

Naturalmente, Bellver no sabe que la valentía de las mujeres es directamente proporcional a la cobardía de hombres como él.

 

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(Foto: El Mundo.es)

 

Los argumentos intachables que esgrimieron las diputadas Mercedes Ventura (C’s), Sandra Mínguez (Podemos) y Eva Alcón (PSPV-PSOE), obligaron a Bellver a zafarse de un debate en el que él no estaba a la altura. Y entonces dribló con la ordinariez que brindó a las diputadas llamándolas “valientes” por ser mujeres y enfrentarse a un asunto tan incómodo. Esa fue la intención de su vulgaridad, pero lo que quedó de manifiesto realmente fue su incapacidad para rebatir los razonamientos de esas tres diputadas.

¡Hala, a seguir aprendiendo, sr. Bellver!

 

Las mujeres que tanto amaban a sus maridos

Miércoles 25 de enero de 2017.

La mujeres que tanto amaban a sus maridos son noticia para el consumo de conciencias avergonzadas de lo propio y de lo ajeno. Porque de todo habrá.

Las defensas legales de al menos estas cuatro mujeres han determinado que el amor sin medida que profesaban -o aún profesan- a sus maridos, ha sido la causa de  todos sus males. Vamos, que “no hay droga más dura que el amor sin medida”, como cantaba Revolver.

 A la vista de las declaraciones de ellas en sendas causas, ese amor irrefrenable las convirtió en mujeres incapacitadas para ver, oír, pensar, sospechar, dudar o preguntar. 

Amar, solo amar. ¡Ay, madremíadelamorhermoso!…

Isabel Pantoja, Ana Mato, Cristina de Borbón y Rosalía Iglesias. ¡Toma ya!

Centenares de miles de euros en bolsas negras de basura, ingresos fabulosos e ignorados en las cuentas bancarias, coches de alta gama en el garaje de casa, viajes familiares, fiestas infantiles, un palacete reformado a todo lujo, tarjetas de crédito ajenas a las cuentas bancarias personales, diez años viviendo a todo tren sin necesidad de sacar un euro del banco, viajes a Suiza y no necesariamente para esquiar…

Que las defensas elaboren sus estrategias procesales fundamentándolas en que las mujeres normalmente (o sea, por norma) no sabemos qué ocurre en nuestra propia vida, salvo lo que naturalmente (o sea, con toda naturalidad) se atribuye a nuestro género: los embarazos, la crianza, el cole de los niños, la cena de Nochebuena, la lista de la compra y las rebajas, es patético.

Pero que cuatro mujeres como estas, privilegiadas en todos los aspectos y con abundantes recursos propios de todo tipo, hayan actuado de ese modo para intentar escurrirse de sus responsabilidades, es vergonzoso.

 

Isabel Pantoja (Julián Muñoz)

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Ana Mato (Jesús Sepúlveda)

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Cristina de Borbón (Iñaki Urdangarín)

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Rosalía Iglesias (Luís Bárcenas)

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Estás viva, aún.

 Viernes 25 de noviembre de 2016.

 

Durante el primer trimestre de 2016, más de 32.000 mujeres han sido víctimas de la violencia de género según los datos aportados por el Observatorio de víctimas de la violencia doméstica y de género.

El aumento de la violencia contra las mujeres es alarmante entre los adolescentes.

 

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Nos equivocamos si creemos que están mejor informados, porque el exceso de información, inoculada a través del ruido de las redes sociales, no garantiza ni la calidad ni la verosimilitud de esa información.

Las adolescentes se enfrentan a solas a un mundo aparenteregistrado en una pantalla, que sólo aspira a resumir las emociones en la expresión uniformada de un emoticono.

De vuelta a la realidad, hay una chica que no encuentra el verbo para explicar(se) lo que piensa y lo que quiere. Su pantalla solo le exigía una respuesta rápida que ella resolvía con una exclamación o con una carita que lanza un beso.

La violencia de género contra las mujeres es una guerra que no podremos ganar si no libramos cada una de sus batallas con los pies en el suelo.

Decenas de miles de mujeres en España están muertas aunque respiren.  A ellas me dirijo hoy.

A vosotras.

A las mujeres que estáis sufriendo ese tormento y que sois madres. A vosotras, mujeres aterrorizadas víctimas del maltrato del hombre con el que una vez compartisteis la vida y mucho más. Mujeres rotas que os sostenéis en pie por vuestros hijos y para vuestros hijos.

A ti, sí, a ti. Porque aún estás viva. Porque tienes una hija que te necesita viva para poder hacer frente al mundo real. Porque te busca impaciente, con su mirada atónita, para resolver una realidad que aún no comprende.

Porque tu hija y tu hijo te observan, vibran contigo o desfallecen mientras van incorporando a su patrón de conducta el modelo de familia en el que conviven. Porque tu hija puede convertirse en carne de cañón, viviendo su propia agonía. Y ellos, tu hija, tu hijo, serán quienes prolonguen tu amargura en otras niñas, en otras jóvenes, en otras mujeres adultas. 

 

Resultat d'imatges de violencia de género adolescentes

No estás muerta / No / estás / muerta /“no estoy muerta-no-estoy-muerta-no-es-toy-muer-ta” Repítelo, porque cada bocanada de aire que te ofrece la vida para mantenerte el pulso y los abrazos que regalas a tus hijos no pueden resultar inútiles.

 

Resultat d'imatges de violencia de género adolescentes chistes El Roto

 

Es cierto, aún no estás muerta.

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