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Blog de Amparo Sampedro Alemany

ESCRIBIR PARA PENSAR

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Política

¡Que les den!

 

Viernes 2 de febrero de 2018.

 

De la declaración de Ricardo Costa ante la Audiencia Nacional, solo me sorprendió su esfuerzo por evitar el tono displicente y súper-pijo-que-te-cagasshh al que nos había acostumbrado.

Todo lo demás: cómo nos ha esquilmado el PP, en nombre de quién y para qué, cómo ha ganado elecciones de manera miserable, cómo ha engañado y cuánto nos ha humillado; eso, ya lo sabíamos.

En la Comunidad Valenciana llevamos más de dos décadas consumiendo la corrupción que el PP extendió sobre nuestro territorio. No hablo solamente de la que exprime las arcas públicas, sino de la otra; de la que no se cuantifica con euros.

Hablo de la que corroe la convivencia: la corrupción impuesta por el sectarismo con el que ese partido político anega las instituciones públicas; la que transforma el respeto en obediencia debida y el liderazgo político en mesianismo.

Costa no le agradezco ni su confesión ni su arrepentimiento. Judicialmente, no desprecio el valor de su declaración; políticamente, es insuficiente y me asquea.

Es posible que el PP haya abandonado las prácticas corruptas con las que enlazaba su financiación y el poder institucional, obligado por las evidencias que resaltan los medios de comunicación desde hace tiempo. Es posible, sí.

Pero no ha renunciado a la otra: a la corrupción del sistema democrático en todos sus ámbitos.

Costa no declaró en vano; rubricó su confesión con una cinta anudada a su muñeca, que mostraba los colores de la bandera española.

La misma cinta con la que se pavonea la inmensa mayoría de los actuales dirigentes del PP

Un guiño de Costa que no deberíamos pasar por alto: “sí, todo lo hacemos por España”

¡Anda y que les den!

 

Resultat d'imatges de Ricardo Costa foto EFE

(Imagen: EFE)

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Pinta chungo: cambio de época

 

Domingo 14 de enero de 2018

 

La última vez que escribí aquí, saqué a relucir el discurso que pronunció el jefe del Estado, apenas unos días después del referéndum en Catalunya.

He tardado mucho en volver. El exceso de información satura y cuando lo absurdo se convierte en lo cotidiano, prefiero alejarme.

En realidad es que estoy harta de tanta torpeza y de la impostura; asisto atónita a la debilidad de los resortes de la política y al desfile de estupideces y de errores, y vivir en la perplejidad constante también consume el ánimo.

 

Resultat d'imatges de hartazgo

 

 

Lo sucedido en Catalunya es vergonzoso y peligrosísimo: lo miremos por donde lo miremos.

Si la línea de separación de poderes del Estado ya era difusa desde hace unos años, ahora sabemos que ni siquiera existe. Es tal la permeabilidad entre el ejecutivo y el judicial, que, en los últimos meses, el gobierno de España se ha convertido en vocero del segundo sin que sobresalga un clamor público que les obligue a ambos a rectificar.

Sesudos analistas difunden el éxito de Ciudadanos, azuzados por un cambio de época que se dicta desde los despachos de siempre. A nosotros, lectores y oyentes, solo nos permiten ser cómplices de sus propios errores. Sin discusión.

Nos guste o no, es cierto que ese cambio de época planea sobre nuestras cabezas; estamos conviviendo ya con los principios que la sostendrán y no creo que las alertas argumentadas que algunos han lanzado sean suficientes para evitarla.

O sea, que pinta chungo. Todo: la nueva época a la que nos abocan, tras el periodo de hartazgo al que nos han sometido.

#JoderQuéTropa

 

El rey sí tiene quien le escriba

Miércoles 4 de octubre de 2017

No sé si todos sabemos que las líneas fundamentales de los discursos del rey son las que determina el Gobierno de España. Este gobierno o cualquier otro. Tanto el de anoche, como los que lee en sus visitas oficiales y en cualquiera de sus intervenciones institucionales.

Se dice, se cuenta y se sabe, que el actual jefe del Estado estudia y analiza con detenimiento los papeles que le escriben y que es frecuente que introduzca alguna aportación propia. Eso sí: sin modificar las líneas fundamentales que ha marcado el Gobierno.

Su comparecencia estaba siendo reclamada desde diversas tribunas públicas, a causa de la situación extraordinariamente delicada en la que nos encontramos.

Hubiera podido dirigirse a todos los ciudadanos sin exclusión, es decir, también a los catalanes independentistas, y poner el énfasis en la urgente necesidad de que todos, absolutamente todos, nos esforcemos en el diálogo, la conciliación y la negociación. Y hubiera podido brindarse a ejercer el papel que le asigna la Constitución, que es el del arbitraje en la cuestiones de Estado.

No lo hizo.

Las líneas fundamentales de su discurso estaban calculadas milimétricamente, de manera que no entorpecieran la hoja de ruta diseñada por el Gobierno de España desde hace tiempo, y por el PP desde 2006, en este asunto. No solo que no la entorpecieran, sino que la ratificaran y la legitimaran.

Hubiera bastado introducir un guiño a la fraternidad, un gesto para la concordia y un par de palabras de aliento para aliviar las heridas -¡tantas heridas!- en el cuerpo y en el alma.

Y no lo hizo.

Se jugó mucho el jefe del Estado anoche; demasiado, en mi opinión. Pero eso sí fue una decisión suya. Incluida la escenografía, con un retrato de Carlos III en el tiro de cámara  -el rey que prohibió el uso del catalán en 1768-, sosteniendo en su mano derecha lo que fácilmente podía confundirse con una porra.

 

Resultat d'imatges de Carlos III uso del catalán

 

Su discurso añadió más dolor al que ya existe y más tristeza si cabe, porque ha cundido la desesperanza.

No hay dudas sobre quién le escribió su discurso de ayer y con qué propósito. Ni tampoco las hay sobre otras muchas cosas.

(Una pena que esta vez no tuviera tiempo de estudiarlo y analizarlo previamente. ¿O sí lo hizo?)

 

Sí, están locos estos romanos…

Domingo 1 de octubre de 2017

Hace varios días me propuse escribir sobre la Diada de Catalunya. La viví personalmente por primera vez este año. Aproveché una cita familiar la víspera en Barcelona y callejeé durante horas en la jornada de l’11 de Setembre. Sin prejuicios.

Desde entonces, sin embargo, han pasado demasiadas cosas y la (des)información circula atropelladamente.

De aquel lunes 11 de septiembre guardo la imagen de una Barcelona cordial, amable, familiar, cívica y festiva. Una ciudad orgullosa de sí misma y audaz, elegante y culta. Plural. Bellísima. Barcelona. 

Resultat d'imatges de imágenes de la Diada

(fuente: ElPais.cat)

De los días que siguieron, hasta hoy mismo y los que vendrán a partir de mañana, guardaré los gestos y los textos de quienes han dictado sentencias injustas contra las personas que viven en Catalunya: contra todas.

Porque todas ellas -defiendan lo que defiendan y lo hagan en la lengua en que lo hagan- son las víctimas propiciatorias de lo que en este 1 de Octubre de 2017 está sucediendo.

Nunca imaginé que vería imágenes como las que hoy retransmiten en directo todas las TV; ni que cabeceras internacionales destacarían en sus portadas digitales la inadmisible violencia policial.

Agentes antidisturbios de la Policía Nacional forman un cordón de seguridad en los alrededores del colegio Ramón Llull de Barcelona.

(fuente: InfoLibre)

 

(fuente: EFE)

Resultat d'imatges de imágenes en directo referendum

(fuente: VozPópuli)

 

Seguí con enorme interés las sesiones del Parlament que se desarrollaron los días 6 y 7 de septiembre; y me indignó la actuación del Govern, de la presidenta y de la mayoría de los integrantes de la Mesa.

Mientras estuve en Barcelona, hablé con personas partidarias de la independencia que se mostraron decepcionadas y enfadadas con lo que había ocurrido aquellos días en el Parlament. También con otras no independentistas que defendían la celebración de un referéndum y que, igual que las anteriores, manifestaban su enfado por el modo en que se habían conducido los hechos en el Parlament.

Es cierto que bajo un punto de vista jurídico y reglamentario, aquellos hechos no tuvieron justificación alguna.

Sin embargo, me sorprende la determinación que se ha desarrollado para concebir y analizar el conflicto de Catalunya como un asunto estrictamente jurídico, mientras el propio Estado de Derecho permite un análisis más amplio, más profundo y ciertamente más útil.

Judicializar un asunto tan delicado por sus dimensiones políticas como éste, es el modo de aplicar que “la mejor defensa es un ataque”. Una afirmación que suspende por la vía inmediata cualquier intención de corregir el fondo y la forma de lo que debe resolverse a través de los mecanismos democráticos que también ofrece vivir en un Estado de Derecho.

Por eso, la vergüenza que acumulamos quienes pensamos que el Estado de Derecho no es ni el empleo de la fuerza policial para suplir la incompetencia política -en el mejor de los casos- ni la intolerable indolencia como táctica para el cálculo electoralista, en cualquier caso; esa vergüenza -digo- no debemos esconderla. Ni tampoco regodearnos en ella para posicionarnos evitando un debate serio que permita escuchar, hablar, reflexionar y decidir.

Llegados a este punto, a los políticos que han optado desde hace años por la insoportable desidia calculada, ni una línea más a su favor. A los que han construido un “caballo de Troya” para esconderse en su panza y atacar desde dentro de su propio territorio, ni un halago más.

Resultat d'imatges de caballo de troya

Llevo días escuchando que ni el presidente Puigdemont ni el vicepresidente Junqueras son interlocutores válidos a partir del 2 de octubre. Pero aún son pocos los que señalan que el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, también ha quedado inhabilitado políticamente; no solo por su actuación displicente durante estos días, sino por su participación vergonzosa como máximo responsable del PP en la gestación de este tremendo conflicto que se arrastra desde hace años y que hoy vuelve a ser explícito en las calles de Catalunya.

(“Joder, qué tropa”)

 

 

 

 

Pérez Royo, catedrático de Derecho Consitucional

Joaquim Bosch, magistrado

Jesús Maraña, periodista y director de InfoLibre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jo sí tinc por!

 

 

Lunes 21 de agosto de 2017

 

Resultat d'imatges de no tinc por

 

 

Sí, tengo miedo y no voy a esconderlo.

Tengo miedo de los periodistas (?) a los que se les brindan tribunas públicas para que esparzan su odio y proclamen sus bajezas. Y temo a los medios de comunicación que lo permiten.

Tengo miedo de los ignorantes en general y, en particular, de los que administran páginas en las redes sociales y se consideran investidos para sentenciar con las afirmaciones más reaccionarias. Y temo a quienes los jalean.

Tengo miedo de quienes pervierten las palabras y las libertades para acomodarlas al hueco enorme de su falta de inteligencia. Y temo a quienes, sabiéndolo, callan, porque son mucho más astutos.

Tengo miedo de quienes públicamente dicen tenerlo, porque su discurso es una falacia que esconde intereses repugnantes. Y temo a sus seguidores.

Tengo miedo de tipos como Alfonso Rojo, Arcadi Espada, Isabel Sansebastián o Tertsch y tantos otros subidos a los púlpitos de los medios. De políticos vulgares como Mayor Oreja, Cayetana Álvarez de Toledo y otros miles más. De humoristas que, como Peridis, me sellaron la sonrisa hace tiempo. De cabeceras apestosas que se regodean en los conflictos, animándolos o creándolos.

Tengo miedo de los simples, porque son los usuarios de la demagogia. Y también de algunos que se consideran intelectuales y analistas, cuando echan mano de la conquista de Granada.

Tengo miedo de quien escribe en su perfil de twitter, tras el bárbaro atentado del pasado jueves: “Tranquilos. Irán a la cárcel, pero tendrán cama y tres comidas diaria”. Y tengo miedo porque ese personaje administra una cuenta en Fb con centenares de seguidores. Hay miles en las redes sociales que actúan de ese modo tan irresponsable y terrible: desde el presidente del país más poderoso del mundo hasta el niñato ése que, además, vive en mi pueblo.

Fijaos si hay motivos para tener miedo: ¡demasiados!

 

 

 

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