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Blog de Amparo Sampedro Alemany

ESCRIBIR PARA PENSAR

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pura vida

Mamá, ¡si yo te contara!…

Domingo, 3 de mayo de 2020 (cincuenta días en estado de alarma)
El día de mi madre.

 

Si yo te contara, mamá, que la vida que dejaste hace cuatro años, cuatro meses y dieciséis días, se nos ha escurrido entre las manos en apenas un rato de esta primavera… Si te lo contara, mamá, y tú lo vieras, llorarías sin que lo supiéramos porque nunca has permitido que tus miedos y tus dudas se extiendan sobre nosotros.

Si yo te contara, mamá, que los días los calculamos asomándonos a las ventanas; que no hay semanas ni meses sino fases, que la más real de nuestras certezas es la incertidumbre, que seguimos vivos y que eso ya es mucho. Si yo te contara eso, mamá, y tú lo vieras, apaciguarías mi desconcierto con tu ternura inmensa. Me mirarías, mamá, con esos ojos enormes que no necesitan palabras para explicarse y que siempre han velado por que nos situáramos en el lado correcto en cada momento.

Si yo te contara, mamá, que aplaudimos cada día para agradecer esta vida nueva -angustiosa y sin agarraderas sólidas, más allá de nuestras convicciones cuando no tambalean-, si te lo contara y tú lo vieras, te imagino en tu balcón mirando el mar, tratando de hilvanar certezas a las que cosernos.

Si yo te contara, mamá, que ya no estás aunque me roces con tus besos cada día; si yo te lo contara, mamá, te enfadarías conmigo.

Que ya lo sé, mamá, que no estás muerta, que soy yo la que está aprendiendo poco a poco a morirse. Y eso también me lo has enseñado tú y no sabes cuánto te lo agradezco, madre.

Blog ZAC | La nueva maternidad y paternidad para las personas ...

Jo sí tinc por!

 

 

Lunes 21 de agosto de 2017

 

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Sí, tengo miedo y no voy a esconderlo.

Tengo miedo de los periodistas (?) a los que se les brindan tribunas públicas para que esparzan su odio y proclamen sus bajezas. Y temo a los medios de comunicación que lo permiten.

Tengo miedo de los ignorantes en general y, en particular, de los que administran páginas en las redes sociales y se consideran investidos para sentenciar con las afirmaciones más reaccionarias. Y temo a quienes los jalean.

Tengo miedo de quienes pervierten las palabras y las libertades para acomodarlas al hueco enorme de su falta de inteligencia. Y temo a quienes, sabiéndolo, callan, porque son mucho más astutos.

Tengo miedo de quienes públicamente dicen tenerlo, porque su discurso es una falacia que esconde intereses repugnantes. Y temo a sus seguidores.

Tengo miedo de tipos como Alfonso Rojo, Arcadi Espada, Isabel Sansebastián o Tertsch y tantos otros subidos a los púlpitos de los medios. De políticos vulgares como Mayor Oreja, Cayetana Álvarez de Toledo y otros miles más. De humoristas que, como Peridis, me sellaron la sonrisa hace tiempo. De cabeceras apestosas que se regodean en los conflictos, animándolos o creándolos.

Tengo miedo de los simples, porque son los usuarios de la demagogia. Y también de algunos que se consideran intelectuales y analistas, cuando echan mano de la conquista de Granada.

Tengo miedo de quien escribe en su perfil de twitter, tras el bárbaro atentado del pasado jueves: “Tranquilos. Irán a la cárcel, pero tendrán cama y tres comidas diaria”. Y tengo miedo porque ese personaje administra una cuenta en Fb con centenares de seguidores. Hay miles en las redes sociales que actúan de ese modo tan irresponsable y terrible: desde el presidente del país más poderoso del mundo hasta el niñato ése que, además, vive en mi pueblo.

Fijaos si hay motivos para tener miedo: ¡demasiados!

 

 

 

El pellizco de la Navidad

Domingo, 4 de diciembre de 2016

 

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Cuando observas de cerca el mes de diciembre, ya no hay solución: estás atrapada en la Navidad.

No la aborrezco ni tampoco tengo “cuñaos sabe-lo-todo” que conviertan las reuniones familiares en un suplicio. Al contrario, estamos bien juntos y nos sigue emocionando el Adeste fidelesCocinamos con cariño, disfrutamos compartiendo mesa y mantel y bebemos sin que nadie se despeñe.

Hablamos, curioseamos, debatimos sin que haya angustia vital que nos obligue al desparrame y los seis nietos de mis padres siguen llamando a gritos a Papá Noel, como cuando eran pequeños y yo les aseguré que esa era la única manera de hacernos visibles.

Mi hija, desde muy pequeñita, aprendió a llamarle y, cuando sus enormes ojos brillaban y su dedito me señalaba las luces del puerto mientras balbuceaba su asombro, la Navidad me daba un pellizco. A su vocecita se unieron con los años las de mis sobrinos Carla, Sofía, Jordi y Catalina, y este año incorporaremos la de Paco. Pellizcos que han ido mordisqueando las navidades de mi vida.

Duelen los pellizcos con los que la Navidad quiere rescatarnos porque ofrecemos una resistencia racional a aceptar que lo que significó para nosotros hace años, es irrecuperable.

Con los años he aprendido que no existe el espíritu navideño. Y que lo que conservo es el sentimiento entrañable de una emoción antigua que mis padres, mis abuelos y mis hermanos me enseñaron a reconocer. Una emoción limpia y asombrosa que, con el tiempo, alumbró un íntimo sentimiento de agradecimiento hacia todos y cada uno de ellos.

Eso es mi Navidad, agradecimiento. Resulta vano su pellizco para rescatarme, porque mi tiempo de Navidad es lo que mi voluntad y mi memoria ahora no están dispuestas a borrar. Nunca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Noviembre

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Miércoles, 30 de noviembre de 2016

Noviembre tiene una consistencia diferente, correosa, lenta, insegura. Como febrero.  

Noviembre no es un puerto al que llegar porque no es un mes definitivo, es, si acaso, un mes definitorio de la muerte.

En mi biografía, noviembre es el mes que esculpió la muerte de mi madre. En silencio y lentamente. Por la espalda, a traición. 

El de 2015, avanzó arrastrándose. Apenas escribí aquí, en mi blog. Noviembre fue un latir extraño, quejoso pero tibio. Así puedo describir la muerte porque la he escuchado llegar: una aproximación tibia y ofensiva. Para mí, que estoy viva.

Cuando diciembre apenas había cumplido un par de días, descubrí que noviembre había estado modelando con sigilo el terrible anuncio de la muerte de mi madre.

 

¿Conciliar?… ¡Anda, ya!

Miércoles, 16 de noviembre de 2016

 

Hace días, escribí una entrada a propósito de la dedicación de muchos concejales a sus obligaciones en sus ayuntamientos y el “castigo” que suelen sufrir en su trabajos habituales.

A veces, reflexionar u opinar sobre asuntos de esta índole sin explicar con datos de qué estamos hablando, no revela el alcance de lo que estamos diciendo.

Por eso, hoy voy a contar la historia de una mujer.

Una mujer que trabajaba en una empresa privada y que era considerada una excelente empleada. Cumplía con creces los objetivos que le marcaban, desarrollaba con éxito los programas de formación a los que se inscribía, era extremadamente puntual en su horario (de 08h a 16h de lunes a viernes -fueran o no festivos- y fines de semana alternos), atendía a los clientes con amabilidad y diligencia, superaba al resto de sus compañeros mensualmente en número de ventas. Una trabajadora ejemplar.

Su empresa anunció que iba a abrir un proceso de mejora de empleo. Su jefa la llamó para informarle de que ella merecía como ningún otro empleado ese ascenso. La animó a presentarse a un curso de formación exprofeso y le garantizó ese ascenso. Ella se inscribió, asistió al curso y lo aprobó sin ninguna dificultad.

Por entonces, ella había aceptado formar parte de una lista electoral. Fue elegida concejala.

Cuando su empresa lo supo, se molestó: ¡concejala y de izquierdas!, pensaron.

En su ayuntamiento los plenos se celebraban bimestralmente en martes a las 11 de la mañana, porque el alcalde de entonces y su equipo municipal pretendían evitar la asistencia de público y, de paso, dificultar la de los concejales que estaban en la oposición como ella.

Ella solicitaba a su empresa los permisos para ejercer su deber público, un derecho constitucional, ¡vamos! Los conseguía a regañadientes a pesar de que la legislación laboral estaba de su parte.

Cuando el proceso de mejora de empleo se abrió, ella no estaba en la lista de admitidos. Sorprendida, habló con su jefa.  No había duda, le anunció que su situación iba a cambiar: la política no es nada bueno, si al menos te hubieras presentado por el PP, para la política ya están los políticos, tú te lo has buscado,…

Los permisos para asistir a los plenos (un derecho reconocido en la legislación laboral) le costaron la mejora de empleo y la pérdida de incentivos mensuales porque su ausencia durante unas horas en su jornada laboral -una vez cada dos meses- computaba negativamente.

Cuatro años más tarde, aquella mujer formó parte de un gobierno municipal. Su empresa aceptó que se ausentara del trabajo un día a la semana, a cambio de que no disfrutara de ningún día libre el resto de la semana (incluidos sábados, domingos y festivos) Por tanto, su día libre semanal lo dedicaba por entero al ayuntamiento; además de dedicarle todas las tardes, una vez acabada su jornada laboral a las 16h. Con su empeño y su extraordinaria dedicación, logró importantes mejoras para la vida de las personas que vivían en su pueblo.

 

Resultat d'imatges de conciliar política y trabajo forges

 

 

Al leer todo lo anterior, habrá quien piense que nadie la obligó a ser concejala. Es cierto, nadie la obligó. Como tampoco nadie obliga a un bombero a plantar cara a un incendio, a un cirujano a meterse en un quirófano diez horas o a un músico a ensayar con su banda los viernes a partir de las 11 de la noche.

Admiramos la profesionalidad de los bomberos, de los cirujanos, de los músicos de una banda,… Nos deslumbra la dedicación de los buenos cocineros, el paciente trabajo de los ceramistas, la labor entusiasta de los investigadores o que las bolilleras pierdan la vista en sus filigranas.

Defendemos a pecho descubierto la enorme dignidad de esas profesiones y oficios (y centenares más que se me quedan en el tintero). Sin embargo, despreciamos el trabajo valiente y honesto de los buenos políticos que ejercen su labor en los pequeños ayuntamientos y desdeñamos su extraordinaria dedicación.

Son personas que no desenchufan cuando asoma el fin de semana o los periodos vacacionales, que duermen con el móvil conectado sobre la mesilla, que están cuando llegan los bomberos, que visitan discretamente al cirujano para interesarse por la salud de un vecino, que no faltan a los conciertos de la banda porque creen en ella, … Son personas de carne y hueso que quieren a su familia con locura, pero que anteponen el compromiso con su pueblo; personas que se dejan la piel y un trozo de vida en una labor pública que muchos son incapaces de valorar, que siguen despreciando y que se castiga.

 

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(Imagen: El Roto)

 

Aquella mujer extraordinaria tuvo que renunciar a su vocación política y a seguir con su labor admirable en beneficio de la gente de su pueblo. Se había jugado su puesto de trabajo y demasiadas cosas más.

Jode, y mucho, que aún no seamos capaces de reconocer que el ejercicio honesto de la política es un servicio público tan digno como cualquier otro.

[Claro que, en este caso como en tantos otros, los demagogos han jugado un papel fundamental]

 

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(Imagen: El Roto)

 

 

Aprender con la muerte

Madrugada del 2 de noviembre de 2016 (Día de los difuntos)

 

La noche de Ánimas, mi abuela Amparo solía contarme las historias de sus muertos. Lo hacía con tanta naturalidad que una de aquellas noches creo que vi a mi bisabuelo, su padre muerto más de cuarenta años antes.

Para mí, entonces, la muerte solo era un contratiempo. A escondidas de mi madre, de pequeña acompañaba a mi abuela al cementerio de Gandia para hurgar juntas en la memoria de sus muertos. Recuerdo que yo cruzaba con sumo cuidado de una tumba a otra buscando las fechas que ella tenía anotadas y los nombres completos de su memoria, entre cruces desvencijadas y túmulos minúsculos.

Ella, que era toda una señora de las de aquella época, no se permitía un requiebro en su conducta y mucho menos ante la mirada -casi siempre felina- de la sociedad a la que pertenecía; por eso, nuestras visitas se interrumpían durante los días en los que las familias acudían al cementerio para limpiar las lápidas y llenarlas de flores. Yo no lo entendía y paseaba de las manos de mis padres cada 1 de noviembre, con el abriguito que inauguraba el invierno, acumulando besos y pellizcos en las mejillas, por un cementerio muy diferente al que yo descubría con mi abuela el resto del año.

Por entonces, para mis padres la visita al cementerio era una obligación social que cumplían a regañadientes. Tampoco lo entendía, porque para mí aquel lugar -de la mano de mi abuela- contenía todo tipo de aventuras: las historias de personas valientes, matrimonios felices, matrimonios de conveniencia, adulterios perseguidos, enfermedades sin nombre, pérdidas irreemplazables, historias de amor inquebrantable, accidentes fortuitos, vidas centenarias, suicidios silenciados y algún que otro asesinato. Visitar a menudo lo prohibido: lo que entonces se conocía como el cementerio civil o protestante, abandonado a la suerte de sus tumbas secas, olvidadas y malditas, a causa de sus muertes innombrables y temibles.

Nada de todo eso formaba parte aún de la que por aquellos años era mi acolchada realidad, pero de alguna manera pude intuir que tarde o temprano la muerte y las vidas que arrebata también iban a ser mías.

A lo largo de los años, durante aquellas visitas con mi abuela, comprendí que paseamos entre nuestros muertos para insistir en la certeza de que seguimos vivos.

 

 

Resultat d'imatges de cementerio de Gandia

(Cementerio de Gandia, foto: Levante-emv)

 

Con el tiempo, mis padres dejaron de visitar el cementerio. Mi padre, porque nunca estuvo en sus planes morirse y le entristecía sobremanera aceptar lo inevitable. Mi madre, porque se rebeló contra una obligación social que detestaba y entendía que la muerte no era más que el viaje a ninguna parte en el que todo acaba. Ella sí que regresó, conmigo en alguna ocasión para enseñarle lo que mi abuela me había revelado de aquel remanso de paz y años más tarde, tras la muerte de mi padre, con mucha frecuencia en compañía de mis hermanas pequeñas.

Yo seguí visitando el cementerio asiduamente. Con mi abuela mientras vivió y sola después.

Aquellos paseos me permitían reconciliarme con la vida. Con mi vida de adolescente enfrentada con el mundo; con la muerte de Salva que, a mis 15 años, conquistó mi llegada al existencialismo y, que, naturalmente, abandoné años más tarde. Con mi vida de universitaria en permanente ebullición; con mis miedos reales y mis poquísimas certezas. Con mi vida adulta y mis contradicciones. Conmigo y con mis muertos.

Sigo haciéndolo. Nunca en la época en la que los cementerios se llenan de flores y de lamentos en público porque, como decía mi abuela, al Camposanto se va para hablar con los muertos y no para saludar a los vivos.

 

Cementerio Ramon Aupi Chimo Chamorro N 33 NOVIEMBRE

(Cementerio de Rocafort, foto: Ramón Aupí)

 

 

 

Aquel 23 de septiembre, cada año.

23 de septiembre de 2016

Aquel 23 de septiembre de 1973 sigue ahí. Fijado al espanto.

Aquel día aprendí a construir esa palabra: es-pan-to. A reconocerla y a temerla.

Cuarenta y tres años más tarde, el espanto ha ampliado sus límites y el borde que lo recorre aún no es definitivo. Es lo que ocurre con las palabras a lo largo de nuestra vida. Las llenamos con nuestra experiencia, las agitamos con nuestros deseos y acabamos revolviéndolas unas con otras. 

Sin saberlo, perdemos palabras por el camino; a fuerza de estrujarlas, de moldearlas a nuestro capricho, se contraen; reducen su resistencia y pierden una parte significativa de su valor.

A mí también me ocurre, pero la palabra espanto -quizá porque se fijó a mi pensamiento a causa de la muerte, cuando apenas tenía 15 años-  siempre ha mantenido su significado terrible y único.

Aprendí qué es el espanto la tarde del 23 de septiembre de 1973.  Imposible olvidar esa fecha, tampoco quiero hacerlo.

Hace algunos años, relaté aquí aquellas horas. Hoy, releyendo lo que escribí entonces, compruebo que sí, que hay palabras que no deben ser revisadas para desdibujar sus límites a nuestro antojo.

Espanto es una de ellas.

 

Relato:

https://amparosampedro.wordpress.com/2007/09/26/efemeride/

 

Resultat d'imatges de fotos de lluvia

(foto: taringa.es)

Es lo que hay: seguir escribiendo

Lunes 19 de septiembre de 2016

Escribir consiste en ordenar el pensamiento y abrir cauces para que discurra. La dificultad estriba en conseguirlo sin que los sentimientos emborronen lo que uno pretende decir.

Me he mantenido en silencio el tiempo suficiente para que las emociones y sus rescoldos, los sentimientos, se apacigüen. Era lo justo y era necesario, incluso para mí.

Tras este conveniente periodo de “descompresión”, retomo mi blog. Vuelvo a él de otra manera; desde luego en absoluto encasillada y totalmente abierta a expresar lo que observo, lo que creo, lo que pienso o lo que sucede, sobre cualquier asunto que planee sobre nuestras vidas. Vuelvo con ganas, llena de afectos que durante estos dos meses que me he mantenido en silencio, han disuelto una época especialmente dura para mí.

 

Resultat d'imatges de silencio de El Roto

 

Sin embargo, ni siquiera ahora por mi nueva condición, nadie debería esperar que mis intervenciones en este blog se conviertan en pasto de una escritura compulsiva, borboteante. Ese tipo de escritura disparada irreflexivamente sobre el teclado como reflejo incontrolado y condicionado por cualquier estímulo, es aborrecible. Patética y aborrecible.

Jamás he escrito de ese modo precisamente porque escribo para pensar y no al contrario.

historietas

 

Naturalmente, mi blog va a cambiar. Las reflexiones que haga públicas y las opiniones que exprese, ya conciten acuerdos o abran debates, no contemplarán los silencios obligados que me he impuesto durante los últimos nueve años a causa de mis obligaciones primero como concejala y portavoz municipal en la oposición, y después como alcaldesa.

Algunos de los cambios he de agradecérselos a los innumerables alcaldes, concejales y ciudadanos de diversos lugares de España y de distintas posiciones ideológicas, que, en las páginas APRENDAMOS JUNTOS (en este mismo blog), plantean dudas y problemas muy serios que viven en sus ayuntamientos. Voy a actualizar esas páginas y quizá abra otras nuevas que afectan a otras áreas de la administración local.

Por lo demás, mi blog seguirá siendo un espacio abierto para encontrarnos; para decir, para contar, para opinar, para pensar o simplemente para que paséis por aquí y lo hojéis.

A quienes habéis hecho posible este lugar desde hace muchos años, gracias. Y a quienes me habéis ayudado a seguir creciendo en él, aprendiendo a diario, mi total reconocimiento.

Me gusta escribir y necesito hacerlo. Cualquiera de vosotros me seguís animando a hacerlo.

 

 

 

 

 

Sí, me voy.

 

Viernes 1 de julio de 2016

 

Hace poco más de un mes, decidí renunciar irrevocablemente a la alcaldía en el pleno del mes de junio.  Empecé a valorar la decisión a finales de enero.

Esto es lo que dije anoche, en el pleno ordinario del mes de junio, antes del punto de Ruegos y Preguntas (hay pequeñas variaciones que improvisé allí mismo)

 

“[Con todo lo que esta noche ha pasado, he decidido que voy a dejar de fumar… y que voy a dejar el ayuntamiento.

Es cierto que podría haber presentado una Cuestión de Confianza; es decir, someter a la consideración del pleno, preguntarles a ustedes, si siguen confiando en mí como alcaldesa. Pero no se trata de que ustedes confíen en mí o no, soy yo la que ya no confía en ustedes.

Esa es la razón por la que les anuncio que en los próximos días presentaré mi renuncia como alcaldesa y como concejala del ayuntamiento.]

 

Ara fa un any, en el meu primer discurs com alcaldessa, vaig dir públicament que érem afortunats perquè la gran majoria dels veïns, amb veus diferents representades en la nova Corporació, ens havia encomanat treballar junts amb intel·ligència per aconseguir un govern municipal més plural i encara més valent i unit.

També vaig dir fa ara un any, que no podríem tirar avant amb dubtes i exigències perquè el camí l’havíem de fer junts amb trellat i responsabilitat.

Però la veritat és que de trellat, durant este primer any, n’hi ha hagut poc; i de responsabilitat, ben poqueta també.

En aquell discurs, igualment que ho vaig fer en juny de 2011, vaig oferir-me de cós i ànima com alcaldessa del poble. De treballar, la primera. D’escoltar, d’explicar i de raonar, també la primera. Sense enganys i sense por.

No va ser la sort de comptar amb set vots la que em va triar alcaldessa. Va ser la voluntat que expressaren des del primer moment després de les eleccions del mes de maig  de 2015, la plataforma Guanyem-Rocafort, i del seu regidor Carlos Errando, Compromís per Rocafort, i del seu regidor Eduard Comeig, dels regidors Socialistes i el vot també –en el moment mateix de la votació- del regidor d’IxR, González López (el nom de pila no importa, un i l’altre)

En las pasadas elecciones municipales, los votantes de Rocafort decidieron que el Partido Socialista tuviera solamente cuatro concejales. Y con absoluta honestidad construimos un gobierno municipal con quienes decidieron dar un paso al frente: Guanyem-Rocafort y Compromís.

Establecimos un compromiso de trabajo, de dedicación y de lealtad para que hubiera un gobierno de personas y no de partidos (una frase que el regidor Comeig i jo mateix repetíem sovint, se’n recorda sr. Comeig?)

También lo dije en aquel primer discurso, hace ahora un año: “Como alcaldesa no consentiré que las aspiraciones partidistas o personales se conviertan en ejes de la política municipal, y, si ocurriera, afirmo que renunciaré inmediatamente a mi cargo como alcaldesa y a mi acta como concejala”

Y seguí diciendo: “Nadie puede ni debe aventurarse en experimentos personalistas que pongan en juego el interés general de los vecinos de Rocafort. Y quien lo haga o quienes lo hagan, se encontrarán con mi firme oposición; y si eso ha de significar mi renuncia, que nadie tenga la  mínima duda: porque lo haré.

He sido elegida alcaldesa de Rocafort por la propia libertad de los concejales que lo han decidido, y estoy convencida de que lo han hecho con absoluta responsabilidad.

La misma libertad y la misma responsabilidad que ejerceré yo misma para actuar de manera consecuente con los valores que defiendo: respeto a las personas, un servicio público en beneficio del interés general, lealtad a esta institución (al ayuntamiento) y por supuesto a su gobierno”

Eso fue lo que dije y es lo que voy a cumplir.

Creo en los gobiernos de coalición, creo de verdad que son buenos, pero para que funcionen es necesario que los partidos políticos y las organizaciones políticas actúen con responsabilidad y que las listas las formen personas dispuestas a trabajar, a aprender y a dedicarle todas las horas que haga falta al ayuntamiento.

Y eso no ha ocurrido aquí.

El passat 6 d’abril, el regidor de Compromís renuncià a les seues delegacions pel  Registre d’Entrada sense haver explicat abans als seues companys de govern quines eren les raons per les quals ho feia.

Va ser una falta de respecte grossa cap al govern i cap a les persones que en formàvem part d’ell.

A partir d’eixe moment, el regidor ha re-negat d’assumptes que ell mateix –com membre del govern- havia

 acordat: com ara, el texte de l’ordenança de convivència i que fa una estona ha votat “en contra”, o el pressupost municipal que ara mateix també ha votat “en contra”.

És curiós, tot siga dit, que el regidor de Compromís, des de que s’instal·là a l’oposició, haja exigit a l’alcaldia resoldre les coses que ell abandonà durant els 10 mesos en els què eixes coses precíssament eren de la seua competència.

Per eixemple, adés, el regidor Comeig argumentava el seu vot en contra del pressupost en què no es destinaven 10.000€ per subvencionar projectes participatius… ¡Home, si vostè ha sigut el regidor de Participació Ciutadana duran quasi un any i no ha mogut res!

 

Un gobierno en “minoría absoluta” (como tanto le gusta repetir aquí y en las redes sociales al concejal de IxR, González López, da igual el nombre de pila; uno y el otro), sí de “minoría absoluta”, no avanza cuando prevalecen los intereses personalistas y las causas personales, como es el caso de IxR.

El voto de IxR a mi candidatura como alcaldesa fue un voto con intención de “secuestro”. Se trataba –se trata- de “secuestrar” la alcaldía, de someterla (de someterme) a las exigencias innegociables que con tanta frivolidad difunden en las redes sociales y de recordarme una y otra vez que “soy alcaldesa” gracias al voto de IxR. Y eso les sirve para exigir la construcción de unos paelleros que nadie pide o para lo que se les pueda ocurrir en cada momento. Sin atender a razones, sin querer entender los datos. Huyendo siempre del consenso razonado y, por supuesto, del interés general porque, en su caso, por delante siempre han estado los intereses puramente personalistas.

Y no voy a ser rehén de ese secuestro.

Llevar adelante la labor de un gobierno con cinco concejales es difícil, pero aún lo es más cuando uno de los dos únicos partidos que lo forman, Podemos, en este caso por boca de su concejal, es capaz de decir una misma cosa y su contraria, en apenas unos días.

El concejal de Guanyem me ha pedido esta misma tarde no tener que participar en la votación del presupuesto porque su partido quiere votar en contra y él está a favor… Y es un miembro del gobierno que decide abandonar el pleno y su acta de concejal antes del punto de aprobación del presupuesto, porque su partido en abril estaba de acuerdo con el presupuesto; a mediados de mayo tenían dudas, a finales de mayo no sabían qué hacer, a mediados de junio decidieron decir “no” al presupuesto y el viernes, sí, el viernes pasado, su concejal dijo “sí” en la comisión de Hacienda. Este lunes, Guanyem dijo “no” y hoy, ahora, la verdad es que sigo sin saber a qué atenerme.

Cumplo con mi palabra porque soy consecuente con mi compromiso. Y mi compromiso es con mi pueblo, con Rocafort y con la institución a la que represento, su ayuntamiento.

Garantizar la gobernabilidad debería haber sido un principio fundamental para todos y no lo ha sido, pero yo voy a mantenerlo por encima de todo.

A partir del momento en el que presente mi renuncia formalmente, convocaré un pleno extraordinario para dar cuenta de ella.

En pocos días, estará resuelta mi salida del ayuntamiento.

Muchas gracias, buenas noches y buena suerte”

 

 

 

Durante unos días -pocos- permaneceré en silencio mientras las redes sociales siguen ardiendo, como me cuentan quienes las frecuentan.  Ahora, que se explayen (¡generosa que soy!)

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