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Blog de Amparo Sampedro Alemany

ESCRIBIR PARA PENSAR

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Nueva política: mantra peligroso

Sábado 30 de enero de 2016

 

Leo y escucho lo que se cuenta a propósito de la situación política general en España, tras las elecciones generales del pasado 20 de diciembre.

Durante esta campaña electoral larguísima que comenzó en marzo de 2014 y que aún no ha terminado, el mantra nueva política  Seguir leyendo “Nueva política: mantra peligroso”

El paréntesis de diciembre: pura Gramática

Viernes 8 de enero de 2016

 

Diciembre es un paréntesis en el que convivimos apretujados unos contra otros; obligados a rozarnos, a abrazarnos, a sonreírnos y -a veces- hasta a querernos un poco más.

Durante ese paréntesis en el que nos arriesgamos a estar juntos y a celebrarlo, lo que ocurre complementa y explica nuestro propio relato (nuestro modo de conducirnos en la vida, el ser y el estar). El nuestro y el de los demás.

Como en la Ortografía, como en la Gramática. 

 

Ayer, esa ensoñación, ese inciso, se disolvió; no hay una Navidad que felicitar, ni un Año nuevo que celebrar ni una noche de Reyes que esperar.

Hay lo que hay y es bueno: la bocanada de Enero, un par de minutos más de sol al día y mucho Tiempo que estrenar.

No existe el paréntesis de Diciembre, pero seguimos completando nuestro relato personal y colectivo añadiendo comillas, insertando guiones y abriendo otros paréntesis; todo lo que nos enuncia y nos explica.

Pura Gramática.

 

 

 

 

 

#Rocafort: “La distancia más larga”

Sábado 7 de noviembre de 2015.

 

 

La distancia más larga no sabemos calcularla; nos engañan los sentidos, la realidad y la carga cultural que nos condiciona.

Por suerte, sin embargo, aún no hemos aprendido a resistirnos a las emociones. Aún somos capaces de conmovernos, de sorprendernos y, por lo tanto, de vivir por encima de nuestras circunstancias.

Sucede cuando asoma con un respingo el instinto; ese impulso indeliberado que agita la voluntad, la mueve y la emociona.

Solo entonces, en ese momento, desplegamos nuestra capacidad para medir la distancia que existe entre nosotros y lo que estamos observando, lo que estamos viviendo, lo que nos está ocurriendo. Y nos estremecemos sin saber explicar por qué, sin poder explicárnoslo. 

Eso y muchas más cosas es “La distancia más larga” , ópera prima de su directora, guionista y productora, Claudia Pinto Emperador.

Ayer por la tarde, en la Casa de Cultura y con la asistencia de más de cien personas, la película se estrenó en sala con la presencia de Claudia Pinto (directora también de series tan conocidas de Canal-9, como “l’Alqueria Blanca” “Negocis de família”)

Ese lujo, ¡ese lujazo!, llegó de la mano de la Associació de Veïns i Veïnes A. Machado de Rocafort con la colaboración del Ayuntamiento.

Tras la proyección y el coloquio, apenas había distancias.

 

Plaza de Manises: 100 días de nuevo paisaje humano

Domingo 25 de octubre de 2015

En la plaza de Manises, el paisaje urbano apenas ha cambiado en los últimos veinticinco años. El Palau de la Generalitat, el de la Batlia, el de los Scala,… un jardincillo diseñado con poca fortuna, una preciosa farmacia desaparecida, el estanco, un par de cafeterías y los tradicionales atascos en la calle Serranos que desemboca en la plaza.

Hasta hace apenas tres meses -esos 100 días que concedemos con displicencia a los gobernantes para que nos cambien el mundo y la vida- el paisaje urbano de la plaza convivía con un paisaje humano compuesto mayoritariamente por tipos de aspecto relamido (hombres y mujeres), enfundados, en general, en sus trajes casi idénticos. Ellos, con los gaznates sujetos a nudos asfixiantes de corbata y ellas uniformadas según los cánones del Ensanche de Valencia con concretas incursiones en el centro histórico.

Ese aspecto exponía un fondo marcial, distante, bastante altivo, y autoritario. Muy autoritario.

Las formas explican el fondo, de eso no hay duda. Y no porque, en este caso, una corbata de Hermès o una falda de Etro definiera incondicionalmente a quienes las vestían, sino porque quienes las vestían las convertían en su modo de posicionarse frente a los demás. El hábito no hace al monje, pero lo identifica; especialmente, si el monje tiene cosas que esconder.

El paisaje urbano de la plaza no ha cambiado; los palacios, el estanco, el hueco de la preciosa farmacia, el par de cafeterías y los atascos, se mantienen. Sin embargo, salta a la vista que el paisaje humano es totalmente diferente.

Ahora, no cruza la plaza una corbata de Hermès ni el plisado de Etro (que también habrá); ahora pisan la plaza de Manises hombres y mujeres que protagonizan gestos que a lo largo de más de 20 años se habían convertido en extraordinarios. La amabilidad, la naturalidad, la cordialidad y la cortesía de esos hombres y mujeres, constituyen un regalo que la inmensa mayoría de los observadores de la plaza hemos incorporado felizmente a nuestra rutina en apenas 100 días.

Sí, es asombroso. Y rigurosamente cierto.

Acercaos a la plaza y observad: el nuevo paisaje humano es alentador.

#Rocafort: una sentencia… curiosa.

Martes 6 de octubre de 2015

 

Hay sentencias judiciales que el común de los mortales no entendemos. Y no es a causa de su lenguaje inexplicablemente farragoso y antiguo todavía, ni del incorrecto uso de algunos términos y conceptos propios de la administración pública ni de su deficiente sintaxis ni del pésimo empleo que hacen de los signos de puntuación. No, no es nada de eso.

El común de los mortales, a pesar de las pocas habilidades lingüísticas que muestran algunos jueces y magistrados, leemos bien sus sentencias; es decir, entendemos cómo lo dicen pero no entendemos lo que dicen ni compartimos a santo de qué lo dicen.

Una sentencia judicial es, en general, un texto en el que un Juez, un Magistrado o una Sala, expone el caso que le ocupa, relata los antecedentes probatorios (Antecedentes de Hecho) de esa causa y con Fundamentos Jurídicos/Fundamentos de Derecho razona y motiva el Fallo que dicta.

Hace unos días llegó una sentencia al Ayuntamiento. La firma la Magistrada-Jueza del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 3 de Valencia, Laura Alabau Martí.

El fallo de esa sentencia obliga al Ayuntamiento a devolverle a Carlota Navarro Ganau, concejala del PP durante veinte años, la cantidad de 3.810,63€.

Ese es el dinero que el Ayuntamiento gastó en su defensa procesal [en la de ella personalmente] ante la demanda que presentó el grupo municipal socialista en 2008 -y cuyos miembros pagamos de nuestro bolsillo-  contra el propio Ayuntamiento porque se negó a pedirle que devolviera el dinero que había cobrado indebidamente entre 2003 y 2007, mientras cobraba otro salario de la administración pública por su dedicación en exclusiva en la Diputación.

En aquella demanda, -como ya he dicho- el grupo municipal socialista exigió al Ayuntamiento que reclamara a la concejala Navarro el dinero que había cobrado (unos 24.000€ aproximadamente); no se lo exigió a ella, sino a quien se lo pagó. Por lo tanto, no necesitaba una defensa procesal personal [no había necesidad pero sí mucho miedo, añado ahora]

El Ayuntamiento defendió ante los Tribunales haberle pagado y abonó al mismo despacho de Abogados que llevaba la defensa personal de la concejala, una cantidad parecida. 

En marzo de 2010, una curiosa sentencia del Juzgado número 2 de lo Contencioso-Administrativo de Valencia consideró que el Ayuntamiento no tenía por qué recuperar el dinero que había pagado a la concejala Navarro durante el mandato municipal 2003-2007.

El grupo municipal socialista, en 2010, recurrimos en apelación esa sentencia ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJ), que en su Fallo de diciembre de 2012 revocó la sentencia del Juzgado número 2 y obligó al Ayuntamiento a exigirle a la concejala Navarro Ganau la devolución de lo que debía y los intereses legales de ese dinero.

Cuando llegó el Fallo del TSJ, en enero de 2013, yo era la alcaldesa. En su momento, en 2008, promoví la demanda junto a mis compañeros del grupo municipal socialista en la oposición, Pilar Núñez, Make Cortés y Ricardo Pérez.

Sí, lo hice, lo hicimos. Recuperamos para el Ayuntamiento más de 27.000€ y nos costeamos de nuestro bolsillo los gastos del procedimiento judicial.

Sin embargo, la entonces concejala Navarro -obligada a devolver más de 27.000€ a la Hacienda municipal- contó con una defensa personal ejercida por el mismo despacho de Abogados que defendía a la vez al Ayuntamiento, y hemos de pagársela entre todos.

La Magistrada-Jueza Alabau, en su actuación del pasado 11 de septiembre, enjuicia el hecho de manera curiosa y elabora una sentencia… digamos que sorprendente para fundamentar su Fallo.

En el Segundo de los Antecedentes de Hecho, por ejemplo, señala que el Ayuntamiento no aporta sino pruebas documentales para exigirle a la ya ex-concejala el pago de su defensa procesal. Y es verdad, el Ayuntamiento aporta el Fallo del TSJ, un informe de la intervención municipal y otro de la defensa jurídica externa. 

Todo ello insuficiente, parece ser, a ojos de la Magistrada-Jueza. Por mi parte y desde mi ignorancia procesal, nada que añadir.

Pero lo más llamativo se aprecia en el apartado de Fundamentos Jurídicos que enumera.

En el Segundo de esos Fundamentos, la señora Alabau afirma que “[…] el Pleno del Ayuntamiento facultó al alcalde -entonces Sebastián Bosch- para que propusiera a la Comisión de Gobierno [en este caso, la Magistrada-Jueza desconoce el cambio de denominación de ese órgano de gobierno local que pasó a llamarse Junta de Gobierno Local, según la Ley 53/2003, de 16 de diciembre] la designación de Abogado y Procurador para la comparecencia [de la concejala Navarro Ganau]”

Es imposible que la defensa de la concejala Navarro pudiera aportar alguna prueba al respecto, porque ni existió tal pleno ni tampoco ningún acuerdo de la Junta de Gobierno Local. Sin embargo, la Magistrada-Jueza da por hecho que así sucedió y a partir de esa idea errónea, transmitida por la defensa de Carlota Navarro sin ninguna prueba y aceptada sin condiciones por la señora Alabau, esta abraza los (falsos) argumentos de la defensa y los hace suyos.

Los hace suyos hasta el extremo de olvidar que -en el caso de que ese pleno se hubiera celebrado- la concejala Navarro, naturalmente, habría formado parte de él; y, que, por lo tanto, hubiera sido conveniente conocer cuál había sido el posicionamiento de la concejala sobre facultar al alcalde o no para proponer a la Junta de Gobierno Local la designación de un abogado y de un procurador para su defensa [la de ella].

Del mismo modo, la señora Alabau ha olvidado también comprobar cuál fue la postura de la concejala Navarro en aquella Junta de Gobierno Local, en el caso de que se hubiera celebrado. Porque la señora Alabau no puede haber pasado por alto la condición de teniente de alcalde que ejercía Carlota Navarro y, por consiguiente, su natural adscripción a ese órgano de gobierno municipal en el que debió adoptar una postura al respecto; es decir, o bien votó a favor, o se abstuvo o, como da por hecho la señora Alabau en su Fundamento Jurídico Tercero, la concejala Navarro rechazó la posibilidad “[…] de ser dotada de representación y defensa en [el] procedimiento contencioso administrativo” 

O sea, que la Magistrada-Jueza insiste en su Fundamento Jurídico (Tercero) que no consta que Carlota Navarro pidiera ser dotada de representación y defensa en ese procedimiento y que fue un acuerdo plenario [inexistente] el que facultó al alcalde para proponer en ese sentido un acuerdo [también inexistente] a la Junta de Gobierno Local.

Pero aún hay más, la señora Alabau, en ese mismo Fundamento Jurídico Tercero, introduce una consideración personal que, en mi modesta opinión, no goza de ningún aval jurídico para convertirse en uno de los fundamentos de Derecho a los que apela.

La Magistrada-Jueza dice textualmente: 

“[…] En el caso que nos ocupa, procede considerar que el recurso en que compareció la actora [Carlota Navarro] fue instado por el grupo municipal que al parecer ostenta ahora el gobierno local […]”

¿Y qué?, cabe preguntarse.

¿Es que a la Magistrada-Jueza le parece importante considerar quién gobierna en el Ayuntamiento para juzgar si es legal o no el asunto que se le plantea?

Esas cosas son las que el común de los mortales no entendemos de algunas sentencias y de sus juzgadores.

Por supuesto que el Ayuntamiento cumplirá con la sentencia.

Devolverá a Carlota Navarro Ganau los 3.810,63€ que gastó en su representación y defensa procesal, a pesar de que fue ella quien la exigió [sin necesitarla, como señala la señora Alabau a lo largo de la sentencia]; a pesar de que ni hubo acuerdo de Pleno ni de la Junta de Gobierno Local que la avalara; a pesar de que por sentencia del TSJ hubo de devolver a las arcas municipales más de 27.000€; a pesar de que el gobierno municipal del PP no había cumplido con su obligación y lo sabía; a pesar de que Carlota Navarro, que también lo sabía, se rió una y otra vez -en público y en privado- del asunto y, por lo tanto, de todos los vecinos; y a pesar de que al común de los mortales decisiones judiciales como esta nos dejan perplejos y nos sitúan -sin desearlo- en una orilla distinta a la que ocupan quienes las dictan.

 

 

 

… Sí, 29 de septiembre de 2015

Martes 29 de septiembre de 2015

 

…y hoy ya es 29 de septiembre.

Salvo acordar por unanimidad y en riguroso directo que “un vaso es un vaso y un plato es un plato“; avergonzarnos -casi unánimemente- de que sea un periodista quien le explique al presidente del Gobierno en qué consiste la nacionalidad española… ¿y la europea?…, ¡también!

Salvo comprobar que lo del domingo era lo que era, porque el mismísimo ministro de Asuntos Exteriores de España aceptó un debate con el número 5 de una candidatura y todo un ex-Jefe de Estado, presidente de la República de Francia, hubo de acompañar al presidente Rajoy…

Salvo sorprendernos -una mayoría nada desdeñable- de que sea el ministro de Justicia quien haya explicado hoy las razones por las que la Fiscalía ha actuado de una manera y no de otra (¡Montesquieu, vuelve!)…

Salvo reconocer esas perogrulladas y abrigar la esperanza de que a mediados de diciembre se pueda disolver tanta estupidez y tanta mezquindad…

Salvo eso y poco más, confirmar que es 29 de septiembre, que sigue lloviendo y que este año no ha habido “veranillo de san Miguel”, resulta casi increíble.

Por no ayudar, ya no ayudan ni las tradiciones.

 

 

 

 

Estás muerta.

Jueves 20 de agosto de 2015

25 mujeres asesinadas

8 mujeres probablemente asesinadas

24 menores huérfanos

35.714 llamadas al 016 (desde el 1 de enero hasta el 31 de mayo)

(Fuente: Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad)

De un hachazo, degollada, acuchillada, estrangulada, apaleada, incendiada, encendida, derrotada, derribada, aplastada, asustada, humillada, vejada, asfixiada, despreciada, avergonzada, silenciada, escondida, herida, anulada, rota, violentada, violada. Muerta.

Sí, muerta. Muertas.

Quizá hubo vida antes de aquel minuto en el que todo cambió; antes del primer grito, de la primera humillación o del primer empujón. Antes de casi todo. Antes incluso de que llorara como un imbécil cada vez que te hería en público o en privado.

Es posible que todo fuera diferente. Antes.

¿Te acuerdas…? No, ya no puedes recordar porque apenas puedes pensar.

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(Fuente: Muy Interesante)

Estás muerta aunque respiras, cocinas, te peinas, planchas, te acicalas, limpias el baño, el comedor, las habitaciones, la cocina y la terraza. Besas su frente.

Muerta, aunque sigues trabajando dentro y fuera de casa. Muerta, aunque ordenas los armarios, tuiteas, paseas al perro, cuelgas tus fotos en facebook, vas a la tintorería y aprovechas las rebajas para renovar las toallas.

Muerta, aunque abrazas a tus hijos, vigilas su calendario de vacunas, escudriñas sus bolsillos y te importan sus estudios. Muerta, aunque sales de cena con tus amigas, visitas a tus padres  y eres una anfitriona perfecta.

Estás muerta cuando subes al metro y abres tu e-book. Cuando bajas y enfilas la calle, ojeas los escaparates y suspiras.

Aquel te quiero pronunciado con rabia anunciaba lo peor. Aquella mirada diferente presagiaba lo peor. Aquel portazo injustificado pronosticaba lo peor.

Llegó el abuso que te desconcertó. Apareció su carcajada y te sorprendió. Caló la humillación y te aturdió. Más, todavía más.

Él seguía susurrándote al oído cuánto te quería y te pedía perdón por quererte tanto. Renunciaste a la camiseta ceñida que te gustaba. Accediste a enseñarle tus watsApp. Prometiste no cambiarte el color de pelo. Disculpaste su ausencia en la mesa, en la reunión del colegio, en la fiesta sorpresa, en la celebración familiar y en tu cama.

Justificaste sus silencios, sus arrebatos, sus insultos y sus lágrimas borrachas de alcohol y de infamia.

Nunca más top-less, nunca más su camisa sin planchar, nunca más macarrones con queso, nunca más un libro en tu mesilla, nunca más tu sonrisa brillante -provocativa, la llama tu asesino.

Nunca más todo.

Todo salvo lo que yo diga, lo que yo piense, lo que yo opine, lo que yo aguante, lo que yo considere, lo que yo decida, lo que yo acepte, lo que yo te permita […] te quiero, nena. te quiero, cari. te quiero, guapa. te quiero, cariño. te quiero, mamá. te quiero, churri. te quiero, tesoro. te quiero, bombón. te quiero, mi niña. te quiero pero no lo entiendes. te quiero más que a mi vida. te quiero solo para mí. todo lo hago por ti. me deslomo por ti. si te vas, me mato. si me dejas, me muero. si coges la puerta, no ves a los niños. si sales, no entras. si lloras, te pego. si gritas, me espantas. acércate más. no me rehuyas. no sabes qué estás haciendo. vas a conseguir que me enfade. no te comprendo. no te escondas. me vuelves loco. es culpa tuya. todo es culpa tuya. siempre.

¡Que te jodan! Me has arruinado la vida. Me sacas de quicio. ¿Lo ves?, eres tú la que me amargas, la que no me quiere, la que lloriquea. Se acabó. no vas a volver a ver a los niños. tú a cambio de ellos. ¡Que te jodan! Te avisé, te lo dije, te lo supliqué, te lo has ganado, te lo mereces. te lo mereces todo.

Estás muerta. 

Agosto de 1987.

La espalda se comporta como un arco tensado por la enorme curvatura del vientre; las caderas, ensanchadas para abrazar la rotundidad de este cuerpo distinto, equilibran el peso que sostienen las piernas. Se quejan, cada calambre es una mordedura que enerva los músculos que encuentra a su paso.

Los pies, hinchados por el peso, cargan sobre ellos el contenedor de vida cuya arquitectura ha sido calculada para la ocasión.

El cuerpo entero está  listo para volcar una vida en la vida.

Jueves, 6 de agosto de 1987. Mis padres y yo reímos sin parar durante la comida. Adriana, mi hermana pequeña, tiene 9 años y unos ojos inmensos que lo dicen todo porque todo lo ven. Mira y ríe con nosotros otra ocurrencia de mi madre que desata la carcajada. La risa de mi madre es contagiosa, luminosa, inolvidable.

Me levanto con cuidado pero soy incapaz de dar un paso… se está derramando un líquido tibio y dulzón que no sé identificar.

Mi padre prefiere ignorarlo -no se atreve a imaginar lo que le aterroriza de antemano- y se lleva a Adriana al sofá para ver el capítulo de El coche fantástico. Ella quiere quedarse, lleva esperando diez días en mi casa a que suceda precisamente esto aunque aún no comprenda qué es esto.

Se escabulle del abrazo de mi padre y regresa junto a nosotras. Me mira con sus ojos enormes porque intuye que hay una explicación y quiere escucharla. No hay tiempo, mi padre la llama con insistencia.

Mi madre me tranquiliza mientras mi vientre se contrae por los cuatro costados. Una ducha, sí una ducha fresca. El calor es insoportable.

Escucho sus latidos rápidos y cortos en ese fondo de agua extraño que evoca un mundo muy diferente a este. Apenas cabe. Hinca sus taloncitos justo debajo de mis costillas, inquieta, preparada para atravesar el estrecho canal. La cabeza encajada y el cuerpo encogido.

Aún no es el momento. Regresamos a casa para darle tiempo. Como máximo esta noche, porque solo queda líquido suficiente hasta mañana.

Mis manos recorren el vientre duro y extremado, tamborileo sobre él con los dedos para que me responda como lo ha hecho durante los últimos meses. Ya no quiere jugar. Debe estar asustada o harta o enfrascada en hacerlo bien, reconocer la salida, descender, resbalar, dejarse caer sobre mi vida en el mundo, su nuevo mundo. El nuestro.

Viernes, 7 de agosto de 1987. Ha desaparecido la presión contra mis costillas. Silencio.  Ni un solo movimiento. Quiero sentir su decisión sobre mi propio cuerpo, una contracción, dos, tres… poder registrarlas en el periodo de tiempo que indique que todo empieza. Nada, absolutamente nada. Está subiendo la madrugada y me agota.

Pienso en la palabra que la nombre: Málaga. Esdrújula. Nasal bilabial sonora – vocal abierta – lateral alveolar sonora – vocal abierta – oclusiva velar sonora – vocal abierta. Suave. Aterciopelada. Casi perfecta. Mi familia piensa en la ciudad, en la guardería, en el colegio, en la insolencia infantil, en la procacidad de la adolescencia… Llevo semanas intentándolo: me rindo.

Duermevela: Fiona. Limpia, tenue, llena, brillante, amplia, redonda. No me importa la fricativa labiodental sorda.

A las 8 de la mañana en el hospital, hay que provocar el parto. Pocos minutos para las 05,30, otra ducha fresca. Me recreo en la hermosa redondez que me convocará al esfuerzo.

Cruzamos Valencia y los termómetros callejeros anuncian el infierno del poniente. Este me lo voy a perder, pienso mientras sonrío.

La habitación huele a blanco. Mi marido y mi madre enmarcan la realidad de esta situación de la que he decidido ausentarme. Frente a mí, una enfermera con brazos en jarra me pregunta a qué espero para cambiarme. Hay una bata azul sobre la cama. “Desnúdate”, y obedezco.

El ascensor nos lleva a otra planta. Una cama, un reloj de pared, un monitor, un gotero, unas cortinas que me separan de otra cama, de otro reloj de pared, de otro monitor, de otro gotero. No sé para qué sirve todo esto, mi vientre forma parte de mí.

Me siento rara en un lugar preparado para librar una batalla. El monitor vocifera los latidos rápidos y cortos, cada vez más acelerados. La matrona ha tomado el mando: la puerta está apenas entornada y el gotero comienza a liberar oxitocina.

No siento ningún dolor. “Lo sentirás” -me susurra cariñosamente- y se da media vuelta. No me lo creo. Es todo tan apacible y tan ajeno a mí misma, que no me lo creo. Es ridículo lo que está pasando.

Mi madre me sonríe y hay un gesto apenas perceptible de preocupación. Enric me acaricia el cabello. Actúan como cómplices y la escena me divierte.

Todo sucede de repente. Las 12,05h y el vientre se contrae con una fuerza asombrosa que me deja sin respiración. Cuando me recupero, estoy asustada. No creo que pueda resistir otra embestida como esta. Transcurren unos minutos y todo mi cuerpo se prepara para la siguiente. Estoy confundida mientras subo esa ola de dolor y a duras penas alcanzo la cresta. El descenso me alivia pero debo corregir inmediatamente la respiración porque ya está llegando la siguiente. Una tras otra, logro acompasar mi decisión de respirar a las órdenes que me imponen.

No quiero ver a nadie, solo quiero que esto acabe. Viajo en una noria enloquecida en la que el dolor modifica la amplitud de su diámetro. Cada vez mayor, cada vez más lejos. Un dolor denso, ardiente, estruendoso, hondo, disparatado, animal, inabarcable, desgarrador… inexplicable. No hay alivio posible en el descenso porque ahora la caída solo sirve para garantizar que habrá un siguiente ascenso casi inmediato.

“Tranquila”, escucho. “No pasa nada. Todas pasamos por esto”

No quiero que nadie me hable, ni que me toque ni que decida por mí. Estoy demasiado cansada y debo seguir avanzando. Es un trabajo extenuante. A solas mi cuerpo y yo. La maldita puerta sigue entornada y hay una fuerza extrema que la empuja para abrirla de par en par.

No puedes, no debes, no lo hagas todavía. Respira. Aguanta. Descansa. Respira. Aguanta. Descansa. Escúchame: Respira. Aguanta. Descansa.

No soy yo quien empuja, no soy yo quien decido, no soy yo. ¡Joder, que no soy yo!

Sí lo eres. Mírame: eres tú quien decides. No empujes. No lo hagas. Confía en mí.

Hay un enorme foco blanco sobre mi cuerpo. No recuerdo cómo he llegado hasta aquí ni cuánto tiempo llevo. También hay un reloj de pared frente a mí. Marca las 14,22,23,24,25,… Adivino ojos tras las mascarillas. Hablan de sus vacaciones; sus movimientos son precisos, aprendidos en la rutina. Me marea el esfuerzo para frenar la fuerza brutal que empuja para desprenderse de mi vientre. Ya no puedo sostenerla más, ¡por Dios, ya no puedo más!

Las mascarillas regresan conmigo. Espera. Lo estás haciendo muy bien. Espera solo un poco, un poco más… ¡Ahora, empuja! Para. Respira. ¡Otra vez! Para. Respira. ¡Otra vez, empuja! Para. Respira. Una más. Para. Respira. Te voy a ayudar, episeotomía y terminamos. ¡Empuja! ¡Con todas tus fuerzas!… Ya llega, la cabeza está fuera… La última vez, ¡hazlo!

La noria ha parado en seco y tengo el cuerpo deshilachado, vacío, hueco. Estoy bañada en sudor. Entreabro los ojos, son las 14,49h

Está tibia y húmeda. Pequeña, muy pequeña. Temo tocarla. Es todo demasiado extraño, ella sobre mi pecho, de repente una vida distinta volcada en la mía. Se la llevan. Espero su llanto. Que llore, por Dios que llore, pienso. Cuando lo hace, abandono la escena muy deprisa. Ya estoy dormida.

Me palpo el vientre y busco su tersura desafiante. No existe. No hay nada. Nada. Me despierto y contemplo mi brazo derecho dibujando el límite de un abrazo tímido, su cabecita junto a mi pecho. La miro y aún no comprendo por qué ya no es mi vientre.

Viernes, 7 de agosto de 2015.  Con el paso de los días, aprendí que a partir de aquel momento se había iniciado la vinculación que nos definía como madre e hija, no demasiado diferente al principio de la que ya habíamos establecido durante casi nueve meses. La suya vital, primaria, natural. La mía afectiva, intelectual, cultural.

Los años fueron corrigiendo aquella tendencia. Nuestra dependencia mutua comenzó a modificarse en algún momento hasta invertirse: la mía, primaria y naturalmente vital; la suya, intelectual y culturalmente afectiva.

Todo listo para volver a empezar.

Fiona, 28 años.

(Y no, no había epidural…)

3 de Julio de 2015 / D.E.P.

 

3 de Julio de 2006. Lunes. 

3 de julio de 2007. 3de julio de 2008. 3dejulio de 2009. 3dejuliode 2010. 3dejuliode2011. 3dejuliode2012

Domingo 29 de abril de 2013. Salvados. LaSextaJordi Évole.

3 de julio de 2013.

 

29 de noviembre de 2013.

 

 

 

2014

 

 

 

 

3 de julio de 2014.

 

 

3 de marzo de 2015.

 

 

 

Viernes 3 de julio de 2015

 

 

 

D.E.P los muertos, quienes les sobrevivieron hoy empiezan a llorar en paz su ausencia.

 

 

 

 

 

 

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