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Blog de Amparo Sampedro Alemany

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Involvidable 2016

Jueves 29 de diciembre de 2016.

Días espléndidos con los que se despide 2016.

En mi caso -para qué negarlo- un año especialmente duro. Correoso, difícil, tortuoso. Demasiadas veces sobrecargado de asombrosas actitudes, de gestos innecesarios y de tristes certezas.

Inolvidable 2016, en definitiva.

 

Resultat d'imatges de mochila de la vida

 

Ahora, en la quietud de mi casa, esparzo sobre una mesa limpia el contenido de mi mochila: ahí están el trabajo incansable, las noches en vela, el sonido del móvil de madrugada, los debates útiles y los que sabía estériles de antemano; los problemas reales y los impuestos, las dudas razonables y las que no lo eran; los obstáculos ciertos y los inoculados. Las discrepancias disueltas con acuerdos mezquinos. Los días alegres y la radiante oportunidad de vivirlos. Los éxitos de todos, los problemas resueltos y tantas pruebas superadas. El cariño de mucha gente y sus miradas cómplices. Las despedidas y los abrazos llorosos. La suerte de haberos conocido, de que me queráis y la certidumbre de quereros. El regreso pausado a mi vida, con mi familia y conmigo a solas.

El tiempo ganado a todos esos días y a sus noches. De nuevo los libros sobre mi mesilla, la sala de un cine para mí sola, una playa siempre cerca, mi familia a un paso sin renunciar nunca más a sus llamadas, y los amigos. Devuelta a casa o de vuelta a casa, que es lo mismo porque así lo he decidido.

Ya véis, de 2016 me llevo una mochila bien cargada. Otra más que añadir a mi vida.

 

Resultat d'imatges de mochila cargada

 

En cualquier caso, enormemente agradecida por lo vivido y lo aprendido.

Aquel 23 de septiembre, cada año.

23 de septiembre de 2016

Aquel 23 de septiembre de 1973 sigue ahí. Fijado al espanto.

Aquel día aprendí a construir esa palabra: es-pan-to. A reconocerla y a temerla.

Cuarenta y tres años más tarde, el espanto ha ampliado sus límites y el borde que lo recorre aún no es definitivo. Es lo que ocurre con las palabras a lo largo de nuestra vida. Las llenamos con nuestra experiencia, las agitamos con nuestros deseos y acabamos revolviéndolas unas con otras. 

Sin saberlo, perdemos palabras por el camino; a fuerza de estrujarlas, de moldearlas a nuestro capricho, se contraen; reducen su resistencia y pierden una parte significativa de su valor.

A mí también me ocurre, pero la palabra espanto -quizá porque se fijó a mi pensamiento a causa de la muerte, cuando apenas tenía 15 años-  siempre ha mantenido su significado terrible y único.

Aprendí qué es el espanto la tarde del 23 de septiembre de 1973.  Imposible olvidar esa fecha, tampoco quiero hacerlo.

Hace algunos años, relaté aquí aquellas horas. Hoy, releyendo lo que escribí entonces, compruebo que sí, que hay palabras que no deben ser revisadas para desdibujar sus límites a nuestro antojo.

Espanto es una de ellas.

 

Relato:

https://amparosampedro.wordpress.com/2007/09/26/efemeride/

 

Resultat d'imatges de fotos de lluvia

(foto: taringa.es)

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