21 de mayo de 2009, jueves




“¡Siempre digo la verdad. Siempre!” Eso ha afirmado hoy el president Camps en sede parlamentaria. Bien. Entonces he de creerme que “quiere un huevo” a un personaje extraño y relamido que se ha paseado con absoluta libertad por el entramado administrativo-económico y político de la Generalitat. Yo hubiera preferido no hacerlo.




Ayer descubrí en unas imágenes de TVE, y en un vídeo publicado hoy en la edición digital del diario Levante-emv, que mi alcalde -y el vuestro- masca chicle en situaciones compometidas, se le desencaja la mandíbula mientras vitorea al imputado Camps en la puerta del Palacio de Justicia, y que la Policía tiene que evitar su forcejeo con otro exaltado.



Entre frases clarificadoras (la verdad del president), y el gesto violento de Bosch, la campaña electoral para las próximas elecciones europeas echará a andar a medianoche de hoy.


De uno y otro, lo peor no es lo que piensan o lo que dicen, o lo que demuestran, lo peor es lo que van a defender con su voto: una Europa debilitada, frágil, y sectaria. Una Europa vieja y anticuada, a la defensiva de sus propios ciudadanos.



La trama corrupta del caso Gürtel es detestable; y no solo por los datos que vamos conociendo, sino por lo que está provocando en la ciudadanía: desprecio hacia los políticos y desafección hacia la Política. Y tienen razón.



Si Camps afirma que siempre dice la verdad, y los papeles que salen a la luz atestiguan que durante su presidencia la trama capitaneada en Valencia por “el Bigotes” ha conseguido más de 8 millones de euros en contratos con la administración autonómica, esta sociedad tiene un problema.



Y Bosch, nos lo sirve en la puerta de casa.