Lunes 8 de septiembre de 2014

 

Hoy es un lunes viejo, porque la pena envejece.

A Paco “el Ventilla” lo meció la muerte un domingo de mediados de agosto.

Sucedió como suceden las cosas que nos superan. Sin razón, para que nos volvamos locos buscando el motivo; sin tiempo, para no disponer ni siquiera de unos minutos robados a la esperanza; con brutalidad, para que quienes nos acompañan sufran aún más y con desdén, porque la vida es apenas lo que tenemos a mano y es la muerte la que la explica.

Desde aquel domingo 17 de agosto, a Paco la muerte lo mantenía abrazado a la vida en ese baile doloroso que a los vivos nos destruye por dentro y por fuera. Ese baile angustioso al que asistimos con el alma rota mientras nuestra cabeza ruega una y cien veces que pare esa música abominable.

El pasado jueves, la muerte dejó de jugar con él y su vida se soltó de aquel abrazo amargo. Cesó el baile de la agonía y comenzaba un fin de semana tristísimo porque la muerte arrasa con todo.

Paco, un andaluz de Córdoba (de la Ventilla), era un poeta. Un día me mostró su cuaderno de poesías y me pidió que las leyera. Hablando sobre algunas de ellas dedicadas a Pili, su mujer, y a la maternidad, se le saltaban las lágrimas.

Lo echo de menos desde que supe aquel primer lunes viejo, el 18 de agosto, que la muerte lo rondaba para sacarlo a su maldita pista de baile.

Él hubiera preferido que sonara esta música, la que le ponía la piel de gallina y le conmovía. La que sentía en el alma mientras marcaba el paso con orgullo portando el estandarte de la Agrupación Musical de Rocafort.

 

 

 

Cada vez que suene, el guiño que compartíamos al escucharla seguirá existiendo, Paco.

Para siempre, ¡va por ti!

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