Lunes 19 de abril de 2021

Abrigo la esperanza de que una parte del electorado conservador madrileño no es facha ni inculto ni miserable, tampoco zafio; porque ser conservador o liberal no incluye necesariamente pertenecer a ninguna de esas categorías.

El presidente de la república francesa, Macron, es conservador, de derechas, y liberal; la canciller de Alemania, Merkel, es conservadora, de derechas, y liberal; la candidata del PP a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, es facha, inculta y, políticamente hablando, miserable.
No es lo mismo. No son lo mismo.

He conocido y conozco a personas conservadoras con posicionamientos y discursos políticos sólidos, críticos y honestos. Personas alejadas de la vacuidad de la propaganda ´goebbeliana`, del conflicto como arma de destrucción y del odio como expresión de la disidencia.

Quiero pensar que no todo el electorado conservador madrileño se reconoce en el discurso bobalicón y zafio de una candidata, Ayuso, que fía su compromiso a “la libertad de tomar unas cañas al acabar una jornada de sufrimiento” (sic); y a predicar que “los social-comunistas, los separatistas y los etarras quieren quitarle la libertad a Madrid, porque eso es así” (sic).

Forges: “Los humoristas muchas veces tenemos que hacer pensar y muchas  veces tenemos que hacer llorar.”


Quiero pensar… Quiero pensar que esa parte del electorado conservador, formado y culto, no puede caer rendido ante la estupidez y la zafiedad.

Quiero pensar que esa parte del electorado conservador sabe que lo que se dirime en Madrid el 4 de mayo no es la elección entre un gobierno de derechas y un gobierno de izquierdas; ni siquiera entre un gobierno conservador o uno progresista. Lo que se decide en Madrid el 4 de mayo es más simple: obliga a pronunciarse sobre lo que es legítimo y lo que no lo es; sobre lo que es honesto y lo que no; sobre la política y la anti-política.

En resumen, que a esa parte del electorado conservador madrileño, instruido y lúcido, le toca resolver si el trumpismo a la española y sus delirios le representan. Y lo que eso significa.

Quiero pensar que hay una parte del electorado conservador madrileño que, como mis amigos y conocidos conservadores y liberales, no se identifica con el triunfo del alegato visceral, el que no se somete a la razón ni al conocimiento; el que desprecia nuestras capacidades más hermosas: la solidaridad, la empatía y la concordia. El respeto, sencillamente hablando.

Pienso, luego estorbo. Forges | sísifo


Quiero pensar que la victoria del discurso necio que incendia nuestra memoria más primitiva y apaga nuestros talentos más espléndidos es el botín de una guerra que una parte del electorado conservador madrileño no está dispuesta a librar.

Quiero pensarlo.